Por ejemplo, Reino Unido experimentó este fenómeno en el verano del 2021. La variante Delta provocó aumentos récord en nuevos casos, pero las muertes se estabilizaron rápidamente.
Como resultado, una forma de medir el éxito podría ser simplemente observar cuántas personas están muriendo.
De hecho, algunos expertos sugieren colocar un límite de muertes diarias por país, que se acerque al número de muertes por gripe.
Sin embargo, la comparación no es justa, ya que los sobrevivientes al coronavirus pueden tener una recuperación más lenta o secuelas, como COVID prolongado.
Algunos expertos consideran que los objetivos deberían centrarse en la vacunación global para garantizar el fin de la pandemia. Si el coronavirus continúa propagándose desenfrenadamente en ciertos países, significa que hay más oportunidades para que el virus mute y circule en otros lugares.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha fijado el objetivo de que el 40% de las personas se vacunen en todos los países para fines de este año y el 70% para mediados de 2022. Pero tal como están las cosas, el mundo no está ni cerca de dar en en este blanco.
La mayor parte de América Central y todos los países de África menos cinco, no están en camino a alcanzar ese objetivo. A fines de octubre, solo el 6% de las personas que viven en el continente africano habían sido completamente vacunadas.
Satisfacer esa necesidad requiere 650 millones de dosis además de lo que ya se está entregando a través de donaciones y colaboraciones internacionales. La fabricación mundial de vacunas ya podría cubrir eso. En cambio, es un problema de distribución.
En tercer lugar, los tratamientos para COVID-19 también pueden colaborar en la reducción de las muertes sin frenar directamente la propagación de la enfermedad.
Hasta el momento, dos antivirales han demostrado efectividad: el molnupiravir de Merck y paxlovid de Pfizer. Ambos reducen la hospitalización y la muerte entre un 50 y 90% en los ensayos clínicos cuando se administran a pacientes recién diagnosticados.
No obstante, los tratamientos son caros en comparación a las vacunas y presentan el problema de que deben administrarse al comienzo de la infección. Por esto, las poblaciones deben tener acceso al testeo para poder reclamar el antiviral.
Todavía no está claro qué ruta tomarán los organismos internacionales y los gobiernos para luchar por poner fin a la pandemia, ahora que la eliminación de coronavirus parece fuera del alcance.
Pero con un esfuerzo concertado para alcanzar uno o los tres objetivos descritos anteriormente, podría lograrse un regreso a la normalidad.
Fuente: "How to tell when the COVID pandemic is nearing its end" de Philip Kiefer para Popular Science.