Los datos son contundentes: abundantes huesos de ganado junto a restos humanos descartan el hambre como motivación. Lo que quedó expuesto es un método sistemático de eliminación del "otro", una violencia que trasciende la simple supervivencia.
Las causas permanecen en la penumbra. No mediaron disputas por recursos, ni diferencias étnicas evidentes. Los científicos especulan con tensiones sociales: tal vez un robo, una ofensa, algo que desencadenó una respuesta desproporcionadamente brutal.
El estudio, publicado en la revista Antiquity con el título "Los ángeles más oscuros de nuestra naturaleza", nos enfrenta a una verdad incómoda: la violencia no es un invento moderno, sino una sombra que nos acompaña desde los orígenes de nuestra especie.
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