Spencer Rascoff, CEO de Match Group, la empresa dueña de Tinder, asumió el cargo el año pasado con el mandato explícito de revertir esa tendencia.
Bajo su gestión, Tinder lanzó un rediseño, incorporó funciones de inteligencia artificial, habilitó citas en grupo y en pareja, y arrancó los eventos presenciales como prueba piloto en Los Ángeles en marzo. Hasta ahora realizó más de 60 eventos en esa ciudad.
Los números son favorables: el 71% de los usuarios de entre 18 y 24 años interactuó con la pestaña de eventos de la app, contra el 63% de los mayores de 25. Más de la mitad de quienes visitan esa pestaña lo hacen más de una vez.
En mayo, Match reportó un aumento del 4% en ingresos del primer trimestre, superando las estimaciones de Wall Street.
Las aplicaciones de citas experimentan con encuentros presenciales ante el desgaste del modelo tradicional basado en el swipe.
Los datos que explican el cambio de estrategia
La mayoría de los usuarios que asistieron a los eventos fueron acompañados de amigos, no solos. Mark Kantor, director de producto de la empresa, lo celebró como un éxito, pero también revela algo sobre lo que está pasando realmente.
"Las citas han sido tradicionalmente una experiencia solitaria", dijo Kantor. "Incluso si alguien no conoce a nadie en un evento presencial, hace ejercicio y aprende algo nuevo con sus amigos, por lo que hay muchas posibilidades de que haya pasado bien."
Tinder está teniendo éxito como organizador de planes grupales, no necesariamente como facilitador de citas.
Lo que la Gen Z quiere no es la cita en sí, sino el contexto social que antes producía citas de manera orgánica. Tinder está intentando vender ese contexto.
Tinder prueba un modelo donde la aplicación conecta personas, pero el encuentro ocurre en actividades organizadas fuera de internet.
No es solo Tinder: toda la industria busca salir de la pantalla
La apuesta por lo presencial no es exclusiva. Bumble organiza sus propios eventos IRL, In Real Life, con clases de fitness y fiestas para solteros en distintas ciudades.
La tendencia sugiere que el modelo puro de app, donde todo ocurre detrás de una pantalla hasta que dos personas deciden verse, tiene un tech entre los usuarios más jóvenes.
Lo que está probando Tinder es si una app de citas puede convertirse en algo más parecido a una comunidad social con eventos propios, donde la app es el punto de entrada pero no el escenario principal.
Es un giro de modelo de negocio significativo para una empresa cuyo producto central, el swipe, definió durante una década cómo se conoce gente en el mundo digital.
Si funciona, la tecnología que prometió conectar personas desde el sofá terminará siendo el pretexto para sacarlas a la calle.
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