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El problema de Natalia Oreiro cuando da la teta

María Orfila es periodista del diario El Observador, de Montevideo, Uruguay. También es mamá de Federica, de 18 meses, y escribió acerca de la campaña que realiza Unicef incentivando darle el pecho a los bebés hasta los 18 meses, y para ello utiliza la imagen de la actriz Natalia Oreiro.
por MARÍA DE LOS ÁNGELES ORFILA
 
MONTEVIDEO (El Observador). El periodista Joel Rosenberg me ganó de mano con su columna “La Oreiro, la lactancia y las hadas”. Suscribo cada palabra. Perdón si repito algunos conceptos pero me quedé rumiando la idea desde que vi la foto de Natalia Oreiro dándole la teta a su hijo de 18 meses.
 
No discuto el eslogan: “Dar la teta es dar lo mejor de vos”. Los beneficios de la leche materna son indiscutibles. Es el alimento que satisface todas las necesidades del bebé (con excepción de la vitamina D y el hierro). Y, además, el acto establece una relación íntima entre madre e hijo. Pero recomendarles a las madres trabajadoras uruguayas que extiendan la lactancia durante dos años o más es un mensaje que peca de inocente. Y, si se quiere, hasta es una presión extra. "Para que creza fuerte y sano", dice la campaña.
 
Es, sencillamente, imposible de llevar a cabo. Una máxima de la lactancia que enseñan los médicos y los libros es que cuanto más toma el bebé, se produce más leche. ¿Cómo mantener la producción láctea si la madre está 8, 9, 10 horas o más fuera de su casa?
 
Muchas habrán pasado por mi situación. A la vuelta del trabajo podía extraerme alrededor de 300 mililitros de leche al día. Estaba feliz porque era el equivalente de las mamaderas que tomaba Federica mientras yo estaba en el diario. Un mes después bajé a 200 mililitros y poco tiempo después a 100 mililitros. También iba desapareciendo la reserva que había hecho en el freezer. Ya no era feliz. Cuando Fede tenía 4 meses ya tenía que tomar una o dos mamaderas de complemento. A los 7 meses ya no había reserva, ni en el freezer ni en la fuente natural. Diecisiete meses antes de lo que recomienda Unicef.
 
Unicef tendría que saber, además, que en este país las madres trabajadoras vuelven a sus actividades 12 semanas después del parto. Son dos semanas menos que lo recomendado por la Organización Internacional del Trabajo y son ocho menos de la baja por maternidad aprobada por el Parlamento Europeo hace tres años. Ese es el mismo tiempo de letargo que lleva el proyecto de maternidad y lactancia del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social en el Parlamento por el que se pretende igualar para los trabajadores privados los beneficios que tienen los funcionarios públicos.
 
Aquellas mujeres que se desempeñan en la órbita pública acceden a una reducción de la carga horaria durante los primeros meses de la crianza. En el sector privado depende del criterio de los empleadores. En El Observador el "horario maternal" es de siete horas. ¿Natalia Oreiro podría seguir amamantando a su hijo seis veces al día si no fuese una madre famosa? ¿Podría hacerlo si fuese cualquier otra madre de la que trabaja en su propio set de filmación?
 
La propia Unicef ha investigado el tema de cuáles son las políticas y prácticas más comunes de las empresas. ¿Y qué pasa con el 49% que no da la alternativa del horario flexible? ¿Y con el 87% que no da la opción del teletrabajo? ¿Y con el 98% que no tiene servicio de guardería? ¿Y qué pasa con el Estado?
 
La realidad es que las madres trabajadoras amamantan a sus hijos mientras pueden y no todo lo que quieren. La realidad es que las madres trabajadoras se extraen la leche en algún baño sucio o recoveco de sus oficinas –salvo que cuenten con una sala de lactancia adecuada como afortunamente tenemos en este diario– y cargan con una mamadera que consideran oro líquido todo el día en su cartera, esperando ansiosas por reunirse con su bebé.
 
Una buena campaña sería que Unicef abogara por los derechos que las madres y padres trabajadores nos merecemos y para los que el Estado siempre contesta que no hay recursos. Natalia Oreiro podría encabezar esta misma lucha. Sería un papel para aplaudir de pie.

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