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Sexo, cocaína y magia negra... pagado con petróleo

"El automóvil volvió a buscarla algunos días más tarde. Ahmed ramadan la introdujo en un pequeño salón, donde esperó sola durante varias horas. Luego la llevó a una biblioteca, a la que finalmente llegó Gadafi. "Elegí este decorado para tí porque me encantan las estudiantes y los libros". Acto seguido, la arrojó sobre un colchón y la violó. Fue un impacto tan fuerte, sucedió con tanta violencia, que la adolescente perdió el conocimiento. cuando volvió en sí, él estaba trabajando frente a su escritorio y lanzó una carcajada: "¡Más adelante te gustará esto!"."
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Annick Cojean es periodista, escritora y presentadora de televisión. Ella trascendió en 1996 cuando recibió el premio Albert-Londres por una serie de 5 reportajes publicados en Le Monde titulados Les Mémoires de la Shoah (acerca del Holocausto). Ella mantiene una intensa actividad tanto en la ONG  Reporters d'Espoirs (Reporteros de Esperanzas) como en la Fondation Franco-Américaine.
 
En 2012 ella escribió Les Proies, una investigación acerca de una joven de nombre Soraya, una de las tantas esclavas sexuales del ex líder libio Muamar Gadafi, texto que resulta, de alguna manera, una implícita reivindicación de la invasión a Libia: había que acabar con el salvaje africano.
 
Editorial El Ateneo publicó el libro de Cojean con el título Las Cautivas - El harén oculto de Gadafi.
 
La cuestión de las mujeres en cautiverio resulta muy profunda en la historia del Río de la Plata. La comenzaron practicando los colonizadores españoles cuando depredaron entre las indígenas, y así nacieron los primeros mestizos. Luego el concepto mutó en sucesivas etapas y tragedias.
 
Por supuesto que deberá mencionarse el caso de las cautivas blancas que se llevaban los aborígenes en sus invasiones.
 
Por lo tanto, la cuestión de las cautivas y del cautiverio, que incluye la obligación forzada de la práctica sexual no es un invento de Gadafi, lamentablemente.
 
Hace algunos años, Gabriela Saidon escribió el libro Cautivas (Planeta), la historia de cinco mujeres de la aristocracia correntina que fueron secuestradas por orden del mariscal paraguayo Francisco Solano López, que las convirtió en rehenes durante cuatro años porque ellas estaban casadas con oficiales correntinos partidarios del gobernador depuesto Manuel Ignacio Lagraña.
 
En el caso de Libia, Occidente conocía qué ocurría en Libia pero eso no quitaba que Gadafi, para algunos gobernantes fuese un aliado/inversionista. Al fin de cuentas, sus esclavas sexuales eran un asunto interno libio, quizá un precio moral a pagar por Occidente para asegurar negocios y el abastecimiento de recursos no renovables.
 
Por lo tanto, la lectura del libro de Cojean ofrece una doble percepción:
 
> por un lado, el impacto por el relato meticuloso de la tragedia de Soraya, la ferocidad de Gadafi, la decadencia del régimen de la Yamahiriya (¿revolución?) y la hipocresía de muchos devotos del Islam;
 
> por otra parte, la pregunta acerca de qué cambió entre Gadafi y el presente en el comportamiento de las tribus libias, con poder discrecional dentro de sus dominios territoriales (en definitiva, Gadafi era el emergente de una de ellas).
 
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Las chicas de Gadafi
 

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Porque el cambio es cultural, y Occidente no lo ha conseguido en ninguna de sus invasiones militares: ni en Irak ni en Afganistán ni en Libia.
 
Si no tuviera los límites propios del Estado de Derecho italiano, ¿quién podría afirmar que Silvio Berlusconi no sería parecido? Esa es la cuestión: el Estado de Derecho, que se construye a partir de ejes culturales y luego institucionales.
 
Por lo tanto, es rescatable la investigación de Annick; pero nada impide que siga ocurriendo o que vuelva a suceder, a causa de que las instituciones libias se encuentra más que endebles.
 
El 1er. ministro italiano, Enrico Letta, anunció días atrás que antes de que termine 2013 se celebrará en Roma una conferencia internacional para dar asistencia a Libia tras el conflicto que llevó a la caída del régimen y a la muerte del coronel Muamar el Gadafi en octubre de 2011. Él lo acordó con su colega, el 1er. ministro libio, Ali Zidán
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Pero ¿qué le interesa de Libia a Italia y sus restantes países colegas del G8? Letta lo explicó: venderle el adiestramiento de 5.000 efectivos las fuerzas armadas y de policía, el suministro de material y aviones y helicópteros para garantizar el control de las fronteras y de la inmigración ilegal. Libia tiene hidrocarburos: no será un moroso.
 
Apenas Zidán regresó a Trípoli, cientos de hombres armados, procedentes de Zintan, a 160 Km. de la capital, rodearon el Ministerio de Interior, para exigir la dimisión de su titular, Mohamed Al Sheij, el desarme de las milicias en Trípoli (el Comité Supremo de Seguridad o CSS, todos ex colaboradores de Gadafi); y el pago de salarios atrasados. Fue consecuencia de un combate ocurrido una semana antes entre el CSS y milicias capitalinas, en el que hubo 10 muertos y 100 heridos, concluyendo con la destitución del ministro de Defensa, Mohamed Mahmud al Bargati. La balacera es moneda corriente ¿por qué no lo otro?
 
El sexo
 
Gadafi destruyó la vida de la joven Soraya, a quien violó reiteradamente durante años. Soraya no era la única integrante del harén, al que atendía un pequeño ejército de enfermeras ucranianas y bielorrusas, que se encargaban, además, de extraerles sangre en forma periódica porque Gadafi exigía el control ya que temía el contagio de alguna enfermedad.
 
Pero en el relato de Soraya también aparecen los hombres: Gadafi sodomizaba a muchos de sus edecanes, custodios y otros colaboradores. Es más: en la residencia Bab al Azizia, en Trípoli, convivían hombres y mujeres con quienes Gadafi tenía sexo periódicamente, y en forma indistinta.
 
Gadafi, por ejemplo, tenía un guardia llamado Adnán, ex integrante de las fuerzas especiales libias, casado con una de las amantes casi oficiales de Gadafi, padre de dos niños, y a quien sodomizaba delante de Soraya. Luego lo hacía retirarse y le gritaba a ella: "Ahora es tu turno, puta".
 
Otra sorpresa consiste en ciertas obsesiones de Gadafi: la cocaína, que obligaba a consumir a sus mujeres, orinar sobre ellas, viajar con muchas de ellas al extranjero donde las vestía con uniformes militares, y la práctica de magia negra, para la que utilizaba sangre de adolescentes que perdían la virginidad con él.
 
Gadafi elegía a su plantel en los colegios secundarios, entre chicas de familias que no fueran de su propia tribu, y a las que hacía llamarle "Papá". 
 
Pero no siempre Gadafi secuestraba. Él también tenía visitantes dispuestas a ofrecerse a cambio de costosos regalos, además de cantidad de dinero en efectivo, a cambio de libre disponibilidad. Gadafi depredaba en Líbano, Marruecos, Senegal, donde fuera. Había mujeres anónimas pero también esposas de funcionarios de otros países. Hasta surgieron problemas diplomáticos entre Libia y países africanos vecinos por la obsesión en llevarse mujeres jóvenes y bonitas.
 
El contraste entre Soraya y otras integrantes del harén es que ella se resistía a que ese personaje irascible y violento, que mascaba ajo en forma permanente, la forzara en forma reiterada, mientras que otras -el caso de Najah- satisfacían al Guía a cambio de beneficios económicos.
 
Increíble la escena cuando llega Safia, la mujer de Gadafi a visitarlo (situación muy infrecuente. Por ejemplo, cuando él decidía ver a sus hijas las visitaba en otra residencia, El Morabaat, cerca del aeropuerto), y obliga a todas las esclavas sexuales que asumieran el rol de mucamas y cocineras.
 
Un personaje muy curioso es Mabruka, la administradora de la vida de Gadafi, de sus esclavas, de su tiempo, de sus excesos. Mabruka era la secuestradora, la carcelera, el proxeneta, el verdugo. Cabello castaño peinado hacia atrás, 50 años, rasgos regulares, ni sombra de maquillaje, boca severa, vestida con mal gusto, nada de seducción aunque según un diplomático occidental, "Debió haber sido muy bella".
 
Ella se instalaba en hoteles de lujo de Champs Elysées, en París (por lo general, una suite en el Fouquet's) y conseguía chicas jóvenes para enviárselas a Gadafi. Cuando ella viajaba en misión 'secreta', quedaba al frente, en Trípoli, Salma Milad, una militar. 
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Mabruka compraba las cremas, correctores de ojeras, base de maquillaje, perfumes que utilizaba Gadafi. El padre de Mabruka, del linaje de los Sherif, pertenecía a la nobleza tuareg. Ella fue tomada por un hombre de la tribu de Gadafi, Massoud Abdel Haffiz, casado con una prima del Guía. Haffiz era comandante de la región militar de Sebha, y Mabruka aprendió a disfrutar del lujo que permitía el poder. Entonces ella tuvo un romance con un banquero y luego huyó a Trípoli. Hacia 1999, en ocasión de un congreso de jefes de Estados africanos, cuando se aprobó la Declaración de Sirte, que fijó los objetivos de la Unión Africana, Mabruka ofreció sus servicios de traductora de tuareg y hausa, y así ingresó al círculo de Gadafi.
 
Ella ya lo había dicho: "Bastará que lo vea una sola vez y querrá tenerme a su servicio". Y así fue. Al parecer, la unía a Gadafi la práctica intensiva de la magia negra, y llevó a Trípoli a los brujos más importantes de África para que realizaran ceremonias ante Gadafi.
 
Pero aquí va lo increíble: cuando cayó Gadafi, Mabruka huyó a Argelia y luego a Túnez. En marzo de 2012 negoció su regreso a Libia, y quedó bajo arresto domiciliario en Ghat, acompañada por su madre. El jefe tribal Ahmed Mekta fue quien la interrogó durante tres días, y terminó compadecido de ella, casi un protector de Mabruka.
 
En los minutos antes de morir asesinado, Gadafi fue linchado y uno de sus captores le introdujo brutalmente un palo de madera o de metal, no se supo, por el ano al ex dictador caído, quien empezó a sangrar. La escena, mostrada por TV, tuvo un profundo significado en Libia. La autora escribió: "(...) Un abogado de Misrata me lo confirmó más tarde. "¡Tantos libios se sintieron vengados por ese gesto simbólico! Antes de su cita con la muerte, el violador fue violado".
 
Historia terrible pero, lamentablemente, nada impide que pueda seguir ocurriendo. 

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