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A diferencia de Pedro, Putin no la recluyó en un convento... por ahora

La separación del presidente ruso, Vladímir Putin, y su esposa, Ludmila, era un secreto a voces, al que sólo le faltaba el sello del Kremlin, y que ha sido recibido con más alivio que sorpresa por la sociedad rusa. "Sí, se puede decir que esto es un divorcio civilizado", aseguró en la noche del jueves 06/06 Ludmila Putin, que lleva casi 30 años casada con el jefe del Kremlin, en el entreacto del ballet "Esmeralda" en el Gran Palacio del Kremlin. La comparecencia de la pareja en la televisión pública contrastó con el secretismo que caracteriza la vida privada de los políticos en Rusia, pero simplemente ratificó lo que todo el mundo sospechaba: el Presidente y su esposa ya no viven juntos. "Lo dijeron ellos mismos. Desde hace algún tiempo ya no viven juntos. Hace tiempo que se separaron", explicó el viernes 07/06 Dmitri Peskov, el portavoz del Kremlin. En realidad, Ludmila, de 55 años, sólo ejerció de primera dama durante los primeros años, ya que con el paso del tiempo cada vez se hicieron más contadas sus apariciones públicas. Sus largas ausencias dispararon los rumores sobre su estado de salud e incluso la prensa local informó de que Ludmila había ingresado en un convento (?) y emulado así a otras consortes de la época de los zares.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Pedro I El Grande, quizás el gobernante más influyente de la historia de Rusia, fue el único dirigente ruso que se divorció mientras estaba en el poder, hace más de 300 años, tras lo que se esposa fue recluida en un convento: él acusó a Evdokía Lopújina de complicidad con la rebelión de los Streltsí.
 
Pese a su visible nerviosismo, Ludmila (ex de Putin) resumió con claridad las causas de la crisis matrimonial: "Nuestro matrimonio ha terminado debido a que prácticamente no nos vemos. Vladímir Vladímirovich (patronímico de Putin) está totalmente enfrascado en su trabajo".
 
Llevaban casados desde el 28 de julio de 1983 y el mes que viene hubieran podido celebrar los 30 años de matrimonio, las bodas de perla. Pero después de la representación del ballet Esmeralda en el Palacio de Congresos del Kremlin, el Presidente ruso y su cónyuge dieron la noticia de su divorcio a la cadena de televisión Rossía-24. 
 
Putin, por su parte, admitió que ha sido el trabajo lo que le ha impedido llevar una vida matrimonial normal. Hizo hincapié en que sus dos hijas, María, de 28 años, y Ekaterina, de 26, "se educaron en Rusia, en donde viven de forma permanente".
 
Esta frase ha llamado la atención de los analistas, que creen que Putin quiere marcar distancias con el resto de la élite del país, cuyos hijos suelen estudiar y vivir en el extranjero. 
 
Sin embargo, nadie las ha visto ni estudiando ni viviendo en Rusia. Se sabe muy poco de ellas. Al parecer, están casadas. De María se comenta que vivió en Alemania y ahora en Holanda. Pero el paradero de su hermana, Ekaterina, es un misterio.
 
Ludmila, quien conoció a Putin cuando trabajaba como azafata para una aerolínea soviética (y él trabajaba en el servicio de inteligencia estatal, por entonces llamado KGB), reconoció en una biografía que no supo que su marido trabajaba para el KGB hasta 1 año y medio después de haberse casado.
 
"El Presidente trabaja por el país, piensa en el país y está casado con el país", afirmó Vladímir Slatinov, analista político, a la agencia oficial RIA-Nóvosti.
 
El último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, rompió esa tradición, en gran medida a causa del imponente carisma de su esposa, Raísa, quien se ganó la admiración muchos soviéticos, pero también no pocas críticas de los sectores más tradicionalistas.
 
Putin, quien se ha definido a sí mismo como un "esclavo en las galeras" del poder, recuperó la tradición de los dirigentes soviéticos, que optaban por ocultar a sus esposas entre las murallas rojas del Kremlin.
 
La prensa llegó a especular acerca de una posible relación sentimental entre Putin y la doble campeona olímpica de gimnasia rítmica y diputada oficialista Alina Kabáeva, de 30 años y considerada una de las mujeres más bellas de Rusia.
 
Consciente de la imperiosa necesidad de una aclaración, el portavoz de Putin puso los puntos sobre las íes sobre la posible presencia de otra mujer en la vida del jefe del Estado.
 
"No es nada difícil, aun sin ser un experto, ver el horario de trabajo de Putin, y entender que su vida, lamentablemente, no está de ninguna manera atada a una relación sentimental", dijo a la emisora de radio Eco de Moscú.
 
Su vida, agregó Peskov, "está atada sólo a sus obligaciones, a las responsabilidades que asume como jefe del Estado".
 
En cuanto a la posibilidad de que el jefe del Kremlin pueda casarse de nuevo, como hiciera el expresidente francés, Nicolas Sarzkozy, Peskov aseguró que se tratan de "rumores y chismes".
 
El Kremlin también reconoció que el divorcio aún no ha sido formalizado legalmente, aunque insistió en que la pareja conserva una magnífica relación personal.
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Hasta uno de sus mayores críticos y dirigente de la oposición no parlamentaria, Borís Nemtsov, reconoció que Putin había actuado con honestidad al anunciar su divorcio.
 
Putin, de 60 años, es un creyente confeso (Iglesia Católica Ortodoxa Rusa), por lo que su decisión de divorciarse podría sentar mal a los sectores más conservadores.
 
Según una encuesta, un 71% de los rusos considera que la pareja presidencial tiene todo el derecho a divorciarse como el resto de los mortales.
 
Mientras, un 20% opina todo lo contrario y manifestó abiertamente su desacuerdo con frases como "El divorcio es inaceptable" o "Es un mal ejemplo".
 
En cualquier caso, los analistas creen que los rusos se solidarizarán con Putin, ya que el divorcio es una práctica muy habitual en este país, y más que perjudicar, aumentará su popularidad, ya que humanizará al presidente a ojos de sus conciudadanos.
 
Predomina la opinión de que Putin el más interesado en la separación, ya que habría planeado contraer matrimonio con la bella gimnasta Alina Kabáyeva, que el mes pasado cumplió 30 años, o con otra mujer aún más joven.
 
El portavoz presidencial dijo que todo lo que se habla sobre una supuesta relación de Putin con Kabáyeva u otra persona son "cotilleos, murmuraciones e invenciones". 
 
Casi todas las consideraciones se remiten al ejemplo del ex presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su amada Carla Bruni. Pero lo desmintió categóricamente el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. "No, no es así", afirmó Peskov en declaraciones a la radio Eco de Moscú. Según sus palabras, "No es nada difícil, aun sin ser un experto, observar la agenda de trabajo de Putin y entender que su vida, quizá lamentablemente, no está atada de manera alguna a ningún tipo de relación sentimental. Su vida está ligada sólo a sus obligaciones, a las responsabilidades que asume como jefe de Estado".
 
A la pregunta del presentador sobre qué va a pasar ahora con Ludmila Pútina, Peskov respondió que «no lo sé y no me siento con derecho a…Mire, le sugiero no inmiscuirse en la vida privada de los demás. Todavía no han formalizado su divorcio legalmente".
 
"Algo sí le puedo decir con toda seguridad. Ella le está agradecida a Putin. Primero, porque entre ellos mantienen unas relaciones humanas excelentes y, segundo, porque Putin continúa cuidando de ella y de sus hijas, que son ya mayores e independientes".
 
Ala petición de concretar cuándo exactamente será oficial la separación, el portavoz del Kremlin dijo que "es un formalismo. Dejémoslo para Vladímir Vladímirovich y Ludmila Alexándrovna. Es un asunto privado de ellos". ¿Para qué, entonces, todo el anuncio por TV?
 
La socióloga Olga Krishtanóvskaya cree que si Putin entabla relaciones con alguna joven perjudicará su imagen ante el electorado más conservador y también ante las mujeres de más de 40 años. Por el contrario, si se mantiene soltero, estima Krishtanóvskaya, "su popularidad subirá". Esta afirmación no la comparten muchos otros sociólogos, que consideran que los rusos están acostumbrados a ver a sus dirigentes dentro de una familia sólida, al menos de puertas para afuera.

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