Las autoridades francesas impidieron a Farías la entrada al país en el aeropuerto parisino de Roissy en mayo de 2007 (en ocasión del Festival de Cannes). Él se encontraba con 8 mujeres, 1 de ellas menor de edad, esperadas en un yate de "136 m de largo" y "alquilado por 350.000 euros por semana", según el presidente de la 7,a. cámara del tribunal de Marsella, Patrick Ardid.
A lo largo de la investigación, la policía identificó a 50 mujeres de nacionalidad libanesa, venezolana, estadounidense o francesa, que se prostituían a través de esta red, entre ellas una reina de belleza libanesa. Las mujeres eran destinadas a "ricos príncipes de Oriente Medio", dijo Ardid, precisando que los altos montos de las facturas eran pagados por "sociedades" o incluso por "la embajada de Libia".
Deberá recordarse que Hanibal Gadafi, uno de los hijos del dictador libio Muamar Gadafi, había encargado al astillero francés STX France, 'El Fenicia', un crucero de lujo con espejos dorados, estatuas y columnas de mármol, además de una curiosidad: un tanque de vidrio con 6 tiburones vivos para servir de entretenimiento a los 3.500 pasajeros, aunque su proyecto no se concretó por la revolución en Libia. Hanibal vive actualmente en el exilio en Argelia. El crucero ahora es de MSC Cruceros, y navega entre las islas de Grecia.
La prostitución es legal en Francia, pero no se puede publicitar (ni en las esquinas ni en anuncios). El caso es que cada año cuando se acercan las fechas del Festival de Cannes, las llamadas “putes de luxes” que cobran unos US$ 4.000 por noche y las de ligas más pequeñas se congregan en torno al festival para recibir la mejor paga del año”, según el artículo de The Hollywood Reporter.
“Las chicas locales”, apunta una escort girl apodada Daisy, “tenemos ventaja: conocemos a los conserjes de los hoteles”, quienes en ocasiones recomiendan las chicas a sus huéspedes. Pueden hacer “unos US$ 40.000 por noche”, recibidos de clientes árabes que van por Cannes “con fajos de hasta 10.000 euros en efectivo”.
Esto “lleva pasando 60 años”, explica el proxeneta Elie Nahas. Hay 30 ó 40 yates en la bahía. Cada yate con 10 chicas, normalmente modelos. Drogas, alcohol y chicas guapas que esperan a que llegue la noche para recibir lo que se llama "un sobre regalo. Es un sobre regalo porque los clientes tienen orden de escribir la palabra ‘regalo’ en el reverso del sobre”, explicá una madame rusa.
Elie Nahas regresaba cada año de Cannes con entre 100.000 y 200.000 euros en su cuenta. No sabe nada de cine, pero el agente de modelos libanés conoce a la perfección los rincones oscuros de esa escenografía de ensueño por la que desde ayer pasean estrellas como Nicole Kidman o Steven Spielberg. “La prostitución en Cannes mueve más dinero que la venta de películas”, sentencia en su despacho de su agencia de Beirut. El empresario de 49 años ha sido condenado en ausencia a ocho años de prisión y a pagar una multa de 50.000 euros por dirigir una red de prostitución de lujo que implicaba a unas 50 chicas y otros siete acusados, en virtud de una sentencia emitida en Marsella en octubre de 2012.
En 2002 su destino se cruzó con el de uno de los playboys asiduos a la Costa Azul, Mutasim Gadafi, el cuarto hijo del dictador libio, fallecido, como su padre, durante el levantamiento contra el régimen en 2011. “Lo conocí porque organizaba concursos de belleza en Líbano”, cuenta, “me dijo que necesitaba mi ayuda en Europa para que invitase [a sus fiestas] a mujeres bellas”. Nahas pasó a convertirse, en sus propias palabras, en el “hombre del dinero”, tras coordinar el espectacular cumpleaños de Mutasim en Marrakech en 2004. “Me dio 1,5 millones de dólares”, recuerda. Con ese trabajo se ganó su confianza hasta que en 2007 estalló el escándalo con la detención en agosto de Nahas en su habitación del lujoso Carlton de Cannes.
[ pagebreak ]
El glamuroso enclave mediterráneo era su parada anual. “Yo organizaba todo, desde su llegada hasta su salida”, explica. Eso incluía reservas de avión, la “seguridad” y el transporte de entre 10 y 20 chicas que nutrían las fiestas del Che Guevara, el barco de Gadafi anclado frente a la bahía. “Cada una cobraba 1.000 euros por enseñar los dientes”, dice. “Estar ahí, sonreír, bailar y beber”.
El “jefe”, como aún lo llama, no era el único. Los servicios se dirigían a “hijos de presidentes y príncipes árabes”, según la sentencia. “Cada año en Cannes hay 60 o 70 barcos con chicas hermosas que pueden o no recibir dinero como regalo”, asegura. E insiste en que no sabe qué ocurría dentro del yate, ya que su acceso estaba totalmente vetado.
Los hoteles y villas de la ciudad eran los otros decorados. El sistema es “sencillo”, según Nahas. A partir de las 20.00, las chicas aterrizan en los pasillos del Carlton o el Martínez. Los potenciales clientes acuden a tomar café, echan un vistazo e indican un número de habitación. “Cannes es la ciudad con las escorts más caras”, puntualiza, “lo que en la calle cuesta 50 euros, allí asciende a 500 o 1.000”.
Es el precio que marca Robin, escort que se anuncia en Internet: 400 euros la hora; 1.500 el día entero, en efectivo o con tarjeta. “Estaré en Cannes desde el 12 de mayo”, advierte a través de un anuncio en una página web. El resto de la información deja poco a la imaginación: medidas, fotos, servicios eróticos que ofrece y un número de teléfono. En Internet se puede encontrar su agenda y la de docenas de mujeres con los días y lugares de sus viajes. Ejercer la prostitución en Francia no es delito, pero sí todo lo demás, como ayudar a las chicas a conseguir un trabajo, se cobre o no por ello como proxeneta.
“El festival es la temporada en la que vienen las mujeres más bellas”, apostilla Nahas. “Si una chica hacía algo y se llevaba un sobre con 5.000 o 6.000 euros, no es mi asunto”, dice en Beirut. Nahas ingresó en prisión preventiva en Francia en 2007, donde permaneció 11 meses. El caso se cerró en 2008 por falta de pruebas, y él volvió a Beirut. Cuatro años después se reabrió el caso, el tribunal le condenó en rebeldía y los abogados de Nahas recurrieron. A la espera de que se resuelva su apelación, no ha vuelto a pisar Europa para evitar a la Interpol y confiesa que está cansado: “El mundo de las modelos está lleno de bellas mujeres, pero es un negocio muy sucio”.