Lo llamativo es el tratamiento visual. En el adelanto, esas leyendas aparecen con una estética rejuvenecida o reconstruida digitalmente, un recurso que conecta con la lógica actual de la publicidad deportiva: traer al presente viejos ídolos, hacerlos convivir con estrellas activas y borrar por unos segundos la distancia entre generaciones. Adidas no solo junta figuras, arma una especie de multiverso futbolero.
El recurso, claro, también abre una pregunta. En tiempos donde la inteligencia artificial ya se metió de lleno en la publicidad, las marcas caminan sobre una línea fina. Pueden sorprender al público con recreaciones imposibles, pero también generar ruido si no queda claro qué es archivo, qué es actuación real y qué parte fue reconstruida digitalmente. A Lego, por ejemplo, una estrategia similar le jugó en contra cuando parte del público no entendió de entrada el uso de IA en una campaña reciente.
En este caso, Adidas parece apoyarse en un terreno más seguro: el de la fantasía publicitaria. Beckham, Zidane y Del Piero no aparecen solo como guiños para nostálgicos, sino como piezas de una historia donde un partido de barrio puede convocar a Messi, Chalamet, Bad Bunny y a las leyendas de siempre. Esa mezcla entre pasado y presente es, quizás, la verdadera apuesta de la campaña.
Adidas vende algo más que fútbol
En medio del ruido por la posible pérdida de uno de sus símbolos más reconocibles, Adidas mueve otra ficha grande. Nike está en negociaciones exclusivas para reemplazar a la marca alemana como proveedor del balón de las competiciones masculinas de UEFA desde 2027, lo que incluiría a la Champions League y pondría fin a una relación de más de dos décadas entre Adidas y la pelota de las estrellas.
En ese contexto, la campaña funciona como una respuesta de escala global. Adidas puede perder terreno en la Champions, pero todavía conserva una carta enorme, el Mundial 2026, la cita que ordena buena parte del negocio emocional del fútbol. No será solo una Copa más: se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, tres mercados gigantes y con públicos muy distintos, donde el deporte necesita hablar también en idioma de entretenimiento, redes, moda y cultura pop.
Por eso la presencia de Timothée Chalamet y Bad Bunny no aparece como un simple cameo. Adidas busca ampliar la conversación más allá del hincha tradicional y convertir la previa mundialista en un contenido compartible, pensado para X, TikTok e Instagram, pero también para una audiencia que consume el fútbol como parte de un ecosistema mucho más grande.
En ese punto, el teaser hace lo que mejor sabe hacer una gran campaña deportiva: vender una fantasía simple. Tres chicos de barrio, una cancha cualquiera y las estrellas más grandes del mundo yendo a jugar contra ellos. La idea no necesita demasiada explicación porque toca una fibra universal: el sueño de que el fútbol todavía pueda empezar en cualquier esquina.
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