Tras la operación por esa fractura, Sarli había sido operada pero había quedado muy debilitada, teniendo que ser ser hospitalizada nuevamente.
Sarli saltó a la fama en junio de 1956 cuando la descubre el director Armando Bó, con quien entabló una relación personal y profesional de larga data (hasta la muerte del realizador) convirtiéndose en protagonista y musa inspiradora de sus películas. Por su parte, Bó era director, productor y coprotagonista.
Ambos fueron pioneros del cine erótico local. Pese a sufrir la censura en varias escenas de sus películas, estas terminaron conquistando los mercados de todo el mundo, lo que la hizo popular estrella de la época en México, Paraguay, Panamá, Rusia, Japón, Estados Unidos y otros países de Centro y Sudamérica.