Ya atravesó Alemania, República Checa, Austria, Eslovenia y las ciudades italianas de Trieste, Venecia, Bolonia y Pisa. Su camino continuará por Brindisi, Grecia, Israel y Asia.
Pero la parada más especial de su largo viaje tuvo lugar la mañana de este 18 de julio en El Vaticano. Llegó pedaleando su bicicleta hasta la puerta de la Casa de Santa Marta y la estacionó ahí mismo, a unos metros de los guardias suizos que custodian la residencia papal.
Lo logró gracias a su insistencia. En Amsterdam, antes de iniciar su camino, se informó sobre cuál sería la persona más cercana al Papa y obtuvo el nombre de su secretario personal, Alfred Xuereb. A él le escribió unas 15 cartas, las últimas las envió ni bien llegó a Italia, desde Pisa y desde Roma.
Todos los mensajes decían lo mismo: primero aclaraba que no era católico y luego expresaba su sorpresa por la elección de un Papa simple, afable y con interés especial en las cuestiones sociales. Habló de su viaje y del deseo de conocerle, además de pedir no entrar en contacto con la burocracia vaticana porque ahí podía terminar todo.
Pero sus cartas no terminaron en el cesto de algún burócrata sino en las manos del mismo Papa Francisco. Quien le dijo a su secretario: "a ese muchacho quiero conocerlo". Así fue. Leandro llegó en su bicicleta hasta el ingreso del Vaticano a las 6:15 de la mañana y logró pasar el primer control.
En el segundo portón lo paró la Gendarmería Vaticana y le advirtió que no podía pasar con su bicicleta. "Aquí es El Vaticano, no es Roma", explicó un guardia. Pero después de una llamada telefónica, finalmente lo dejaron pasar.
Pese a no ser católico Martins participó, junto con otras 15 personas, de la misa privada con Bergoglio en la capilla de Santa Marta. Por respeto siguió todos los movimientos de los presentes, aunque nunca en su vida había asistido a una celebración eucarística.
Al final Xuereb se acercó y le dijo: "¡Usted lo consiguió!". Abrió un libro, le mostró una de sus cartas, y le confesó: "Se que puede sonar ridículo y se puede reír, pero él realmente quiere conocerlo". Entonces Leandro también rió, pensando que era imposible lo que estaba ocurriendo.
En la puerta de la capilla el ciclista y el Papa se dieron un abrazo. Francisco le contó que conoce Porto Alegre, que tiene parientes en la localidad de Pelotas y que incluso llegó a ir a Río Grande do Sul a visitar a sus familiares. Luego salieron para ver la bicicleta y dialogaron un momento.
Ambos rieron cuando el muchacho aseguró que la gente loca (como él) se encontraba en todas partes, inclusive en Porto Alegre. Bergoglio sonriendo acotó: "¡La vida es loca!". Minutos antes de despedirse estampó su firma en la bandera de aquel ciclista aventurero con una frase sencilla: "Que Dios te acompañe - Francisco - 18-7-13".