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Peligroso desequilibrio también en Brasil

El proteccionismo es hijo de la crisis de las economías centrales. Muchos aprovechan para regresar al pasado. Y es peligroso por varios motivos: desde el peligro de abandono de la competitividad, que tanto beneficia a los consumidores, hasta el abandono de la calidad, que también lo necesitan los consumidores. En cualquier caso, es peligroso. Dilma Rousseff decidió cerrar más y más las importaciones, confiando en que en la crisis global puede pasar o desapercibido o puede ser minimizado. Hay quienes afirman que ella no conseguirá su objetivo y que la economía doméstica puede percibirlo en forma negativa en la formación de precios. Ya se verá qué ocurre. Por ahora, el análisis de una periodista que sigue atentamente la evolución del comercio exterior brasilero

por RAQUEL LANDIM

S. PAULO (O Estado/Sala ao Lado). Los ministros Guido Mantega (Hacienda) y Fernando Pimentel (Desarrollo) anunciaron una polémica intervención en el comercio exterior y en la economía. El gobierno elevó los aranceles de importación de 100 productos. La lista es extensa, pero destacan insumos industriales como el acero, resinas, además de maquinaria y equipo. Las tasas de estos productos, que variaban entre 10% y 20%, aumentaron a 25%.
 
Desde hace tiempo la administración de Dilma Rousseff ha estado preparando esta medida, que está en línea con otras iniciativas proteccionistas recientes. En primer lugar, fue necesario convencer a los demás socios del Mercosur a aprobar la ampliación de la lista de excepciones al Arancel Externo Común (AEC), una tarea relativamente sencilla dada la historia de la Argentina. Luego, llegó el momento de consultar al sector privado.
 
Pocas veces se vió un movimiento tan grande en los estudios de abogados especializados en comercio exterior. Prácticamente todos los mejores abogados del área estaban defendiendo clientes que desebaan que sus productos fuesen incluidos en la lista del gobierno. Se atendieron sólo un tercio de los 300 reclamos recibidos, aunque Pimentel ya haya insinuado una 2da. lista de más de 100 artículos en breve.
 
Obviamente prevalecieron los lobbies más eficientes, que son generalmente formados por los sectores que congregan menos empresas. En la economía brasileña, el suministro de insumos es el eslabón de la cadena más oligopolizado. "La lista fue hecha de acuerdo con quien pidió. Paradójicamente los sectores más concentrados, que teóricamente no necesitan tanta protección, son también los más organizados", dijo al blog Rabih Ali Nasser, profesor de la Fundación Getúlio Vargas (FGV).
 
Al elevar el impuesto de importación de insumos, el gobierno intervino directamente en las complicadas negociaciones de precios. En el caso del acero, entre siderúrgicas y fabricantes de automóviles. En las resinas, entre la petroquímica Braskem y los fabricantes de productos plásticos. En estos sectores, hay pocos proveedores y el producto importado es un señalizador de precios. Es una valuación afuera que determina hasta qué punto las industrias locales pueden estirar la cuerda.
 
Con la crisis global y el exceso de productos fabricados en el extranjero, esa cuerda estaba muy floja, haciendo patinar la producción local de bienes intermedios. La mano dura del gobierno dio un fuerte tirón, favoreciendo uno de los lados de la guerra. Al día siguiente, el valor de mercado de Usiminas, CSN y Braskem subió R$ 2.600 millones (US$ 1.285 millones). Los inversores no dejaron ninguna duda sobre quién salió ganando.
 
Los fabricantes de productos plásticos están enojadísimos. El presidente de la Asociación Brasileña de la Industria del Plástico (Abiplast), José Ricardo Roriz Coelho, dijo a O Estado que la medida sería un "tiro en el pie", que favorecería la importación de productos terminados. Los fabricantes de automóviles no se pronunciaron oficialmente - ni podrían ya que han sido agraciadas recientemente por un aumento del IPI para vehículos importados. Pero es evidente que los aranceles de importación más altos para el acero y los neumáticos molestaron mucho.
 
El ministro Guido Mantega dijo que no va a permitir reajustes de precios y, que, de suceder, va a reducir de inmediato las tarifas de importación. Una tarea prácticamente imposible, a menos que el aumento sea mucho abuso. Si el precio del acero, por ejemplo, sube de nuevo, ¿la culpa es del aumento de los aranceles de importación? ¿Del precio del mineral de hierro? ¿Del cambio? ¿Del costo de energía? ¿De la mano de obra? Es una discusión que no tiene fin.
 
Con el objetivo de tratar de proteger a la industria, el gobierno optó por un lado y desequilibró el juego. Aún no se puede saber si el resultado neto en este caso particular, será bueno o malo para la economía, pero no hay duda de que se trata de una intervención directa. Y, aunque respete las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), es, una actitud proteccionista.

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