Entre las comparaciones, mencionó la pretensión del presidente de Angola de perpetuarse en el poder a través de una reforma constitucional, una idea que se encuentra en la agenda de la mandataria argentina.
También remarcó la extrema pobreza a la que está sometida la población en Angola. Recorrió las calles de la capital, y criticó duramente las intenciones que tiene la Casa Rosada de profundizar el vínculo con un país que "donde la esperanza de vida es de 51 años, donde la nafta y la cerveza son más baratas que un bidón de agua" y donde los medios opositores son escasos.
Según el Gobierno, es tierra fértil donde establecer lazos comerciales.
Además, visitó la feria de productos argentinos que montó la comitiva de empresarios afines al Gobierno que también atravesó el Atlántico para comerciar.
Por último, intentó entrevistar al ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman. Le preguntó si había hecho una evaluación de las sistemáticas denuncias por violaciones a los derechos humanos que ocurren en Angola. Su respuesta, evasiva, fue: "No hice [una evaluación]".
El periodista volvió a preguntar: “¿Se va a reunir con los dirigentes de la oposición?”. La contestación no varió: “No”. Y siguieron los silencios, con claros gestos de incomodidad.