Esa es la esencia de esta producción audiovisual, no pretende ir más allá de eso, que esta chica "mal vestida" tenga ese empleo de ensueño en condiciones inverosímiles, como si fuera una novela cutre de Wattpad, para hacer escapar al espectador a un plano manejado por las leyes de la fantasía.
Lo único que se podía hacer para que Emily in Paris se siguiera sosteniendo más allá de su concepto original era que se transformase en algo diferente, y en esta tercera temporada es mucho más notable ese cambio. Lejos ya quedó la historia de la influencer que debía aprender de la cultura francesa, siguen habiendo unas cuantas referencias de vez en cuando, pero Emily ha crecido lo suficiente para que esto ya no sea un grave pesar.
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Esta tercera temporada es una sobredosis de lo que más gusta, el chisme, el romance, y los outfits impactantes, eso es lo único que el creador Darren Star y su equipo necesitan para mantener atrapado al público esta temporada.
Es esa necesidad de saber con quién va a estar Emily, a quién le va a romper el corazón y lo mismo aplica para el resto de los personajes. Lo único que vemos son relaciones que terminan, otras que empiezan, hay peleas de por medio, malas decisiones pero con algunos giros interesantes.
Así que sí, Emily in Paris sigue siendo una serie bastante tonta, absurda, de muy, muy mal gusto, pero es que eso es lo que encanta tanto. La cuarta temporada ya es un hecho, que permitirán entrever más desastres de Emily, más atuendos espantosos, más romances complicados y más entretenimiento que saque de la realidad por un rato a la audiencia.
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