Sin embargo, se descuenta que las verdaderas razones para la suspensión del espectáculo son las trabas al dólar impuestas por la Casa Rosada, que complicarían el giro de dinero al exterior, y la pelea entre el Gobierno porteño y el nacional.
Cabe recordar que la celebración en Buenos Aires de este festival, que además de en Río de Janeiro cuenta con ediciones en Madrid y Lisboa, estaba prevista para finales de septiembre y principios de octubre de 2013 y se iba a realizar en el ex Parque de la Ciudad en Buenos Aires.
También habría influido la dificultad para conseguir sponsors. Para traer el show se desembolsarían U$S40 millones y según sus cálculos tendrían dificultades para recuperar esa inversión, ya que, hasta el momento, no habían recibido un apoyo fuerte de los sponsors. Según las previsiones necesitaban, en ese rubro, una suma cercana a los U$S15 millones, pero apenas se habría alcanzado una tercera parte de ese total.
El festival quiere "replicar en Buenos Aires los altos parámetros de calidad de Rock in Rio en el resto del mundo", argumentó la organización sobre los motivos del retraso.
Según dijo en junio Roberto Medina, presidente del evento, "el desembarco en la Argentina es un paso más en la internacionalización de Rock in Río, que pretende ser la mayor marca de música y entretenimiento del mundo".
Con la presencia de Medina; su hija Roberta Medina, vicepresidenta ejecutiva; Mauricio Macri, jefe de gobierno porteño, y António Costa, alcalde de Lisboa, el pasado 3 de junio se anunció oficialmente la realización del festival Rock in Rio en Buenos Aires en 2013. La versión porteña del festival se llevará a cabo en dos fines de semana, los días 27, 28 y 29 de septiembre, y el 4, 5 y 6 de octubre, es decir una jornada más que en esta quinta edición portuguesa. Para la ocasión, Macri hasta osó colgarse una guitarra.