Ese planteo no alcanzó para contener el rechazo. En su mensaje, Galliano fue categórico: “Sigo asumiendo plenamente la responsabilidad por el dolor causado por mis palabras en el pasado”. Sus disculpas estuvieron dirigidas especialmente hacia las comunidades judía y asiática. También admitió que una exposición dedicada a celebrar su trabajo “podría resultar dolorosa para algunas personas”, incluso cuando abordara abiertamente la parte más oscura de su trayectoria.
El diseñador sostuvo que el arrepentimiento no puede demostrarse a través de una retrospectiva, un premio o un único gesto público, sino que constituye “una responsabilidad continua”. En ese punto volvió a mencionar los quince años que lleva sobrio y en recuperación del alcoholismo y las adicciones, además de agradecer a quienes lo acompañaron durante un proceso que le permitió reconstruir su vida y regresar a la primera línea de la moda con Maison Margiela.
Galliano finalizó su comunicado expresando su gratitud hacia Max Hollein, Andrew Bolton y Anna Wintour, a quienes reconoció por haber confiado en su obra pese a conocer las consecuencias que podía generar el proyecto. Hollein acompañó la decisión y Wintour calificó como valiente el paso dado por el diseñador, aunque mantuvo su defensa del británico como uno de los grandes talentos de su generación.
La noche que derribó al diseñador de Dior
El escándalo que todavía permanece en la memoria de los amantes de la alta costura remite a la noche del 24 de febrero de 2011 en La Perle, un bar situado en el barrio parisino de Le Marais. Galliano discutió con una pareja que se encontraba en el establecimiento y fue acusado de dirigirle numerosos insultos antisemitas y racistas. La Policía intervino y lo trasladó a una comisaría, mientras Dior decidió suspenderlo inmediatamente hasta conocer el resultado de la investigación.
La situación adquirió otra dimensión pocos días después, cuando apareció una grabación correspondiente a un episodio anterior en el mismo local. Visiblemente alcoholizado, el diseñador expresaba admiración por Adolf Hitler y les decía a otros clientes que sus antepasados habrían sido asesinados en cámaras de gas. El video recorrió el mundo y convirtió lo que inicialmente parecía una denuncia aislada en una crisis imposible de contener para una de las casas más importantes de Francia.
Dior lo despidió el 1 de marzo, después de casi quince años al frente de su dirección creativa y apenas unos días antes de presentar una nueva colección en la Semana de la Moda de París. Semanas más tarde también fue apartado de la firma que llevaba su propio nombre, controlada en un 92% por la maison. Entre las voces que condenaron sus palabras resaltó la de Natalie Portman, entonces imagen del perfume Miss Dior Chérie, quien rechazó cualquier vinculación con el británico después de conocerse la grabación.
La causa llegó a los tribunales y reunió dos episodios ocurridos entre 2010 y 2011. En septiembre de ese año, la Justicia francesa lo declaró culpable de proferir insultos públicos motivados por el origen, la religión, la raza o la pertenencia étnica, y le impuso una multa de 6.000 euros en suspenso. Durante el juicio, Galliano aseguró no recordar buena parte de lo sucedido debido a su dependencia del alcohol, el Valium y los somníferos, aunque pidió disculpas y reconoció que necesitaba tratamiento.
Su recuperación comenzó lejos de las pasarelas. El británico ingresó en rehabilitación, se reunió con supervivientes del Holocausto y trabajó junto con referentes judíos como el rabino Barry Marcus y Abraham Foxman, entonces director de la Liga Antidifamación. La industria terminó abriéndole nuevamente las puertas y Maison Margiela lo contrató en 2014, pero aquel regreso nunca consiguió cerrar por completo la discusión. Quince años después, la caída de “Horizons” demuestra que la moda podía devolverle un puesto de privilegio, aunque no necesariamente concederle la absolución pública que habría significado el Met.
De Bezos a Galliano: la Met Gala encadena polémicas
La controversia alrededor del diseñador no es la primera que obliga al Met a discutir quién merece ocupar el centro de su gran noche. Apenas unos meses antes, la presencia de Jeff Bezos y Lauren Sánchez Bezos había provocado otro debate sobre los límites entre prestigio cultural, poder económico y legitimación pública. La conexión no es casual: a diferencia de otros departamentos del Metropolitan Museum, el Costume Institute debe financiar sus actividades con recursos propios y encuentra en la famosa gala su principal fuente de ingresos.
La última edición, celebrada en mayo de 2026, recaudó la cifra récord de 42 millones de dólares, frente a los 31 millones obtenidos un año antes. Las entradas individuales alcanzaron los 100.000 dólares y las mesas corporativas costaron aproximadamente 350.000. La velada también evidenció un cambio de época, ya que Amazon, Meta, OpenAI y Snapchat pagaron para participar en un acontecimiento históricamente dominado por las grandes casas de moda, el cine y las celebridades.
El mayor aporte procedió de Bezos y Sánchez, quienes desembolsaron al menos 10 millones de dólares para convertirse en patrocinadores principales y copresidentes honorarios. La organización conservó formalmente el control sobre la lista de invitados, supervisada por Anna Wintour, pero semejante contribución les aseguró una posición privilegiada dentro del evento. De allí surgió la acusación de que el fundador de Amazon había comprado su lugar en la noche más exclusiva de Nueva York, aunque no pueda afirmarse literalmente que se haya “autoinvitado”.
Lauren Sánchez, Anna Wintour, Cardi B, Beyoncé, Rihanna y otras figuras protagonizaron la Met Gala 2026, una edición que batió récords de recaudación y quedó rodeada por la polémica debido al patrocinio de Jeff Bezos.
FOTO: AFP
La incorporación del matrimonio despertó llamados al boicot, protestas contra la influencia de los multimillonarios y cuestionamientos por las condiciones laborales de Amazon y la creciente presencia de Silicon Valley en las instituciones culturales. Bezos evitó incluso la alfombra roja e ingresó al museo por un acceso lateral, mientras Lauren Sánchez recorrió las escalinatas vestida por Schiaparelli. La gala batió todos sus récords económicos, pero quedó atravesada por una pregunta incómoda sobre cuánto poder adquiere un patrocinador cuando su aporte sostiene una parte importante de la celebración.
Esa dependencia ayuda a entender por qué las advertencias alrededor de Galliano no podían reducirse a comentarios en redes sociales. Cuando algunos mecenas amenazaron con retirar futuras contribuciones, el homenaje dejó de representar únicamente un dilema artístico y comenzó a poner bajo presión el funcionamiento financiero del departamento. La Met Gala 2027 no fue cancelada, pero el retiro de “Horizons” expone cuánto puede pesar la billetera de sus grandes benefactores cuando una elección curatorial se transforma en un problema político, moral y económico.
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