La Unión Europea (UE) se ha comprometido a reducir las emisiones de gases del efecto invernadero en un 40 % antes de 2030 y un 80 % para 2050.
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18 de agosto del 2022, estatua de Laocoonte dentro del museo Vaticano.
“Nos encontramos con un muro justo ahora, y ese muro se llama embargo de gas, y le sugiero a la UE que no golpeemos contra ese muro”, sentenció el presidente de Hungría, Viktor Orban, uno de los países europeos más afectados por el corte de suministro de gas ruso, junto a Eslovaquia, Moldavia, Austria, Alemania y Polonia. “No solo porque nosotros, como Austria, dependemos del gas ruso. La industria alemana también depende del gas ruso. Y si la industria alemana colapsa, la industria austríaca colapsa”, alarmó el pasado julio el canciller austríaco, Karl Nehammer.
De igual forma, Stefan Wolf, presidente de la patronal metalúrgica Gesamtmetall, coincidiendo con el canciller austríaco, solicitó al estado alemán que mantenga activas las centrales Isar 2, Neckarwestheim 2 y Emsland a pesar de la decisión de Merkel de prescindir de energía nuclear post accidente en Fukushima. "La reputación de Alemania también está en juego", sostuvo Wolf.
Con miras hacia un futuro no dependiente de un estado al que consideran “hostil”, la Unión Europea presentó un plan llamado Re Power EU para finalizar con dicha dependencia, el pasado 8 de marzo, con un costo de financiamiento de 210 millones de euros sobre la base de los siguientes logros antes del 2030:
- Diversificar el suministro de gas a través de la importación de gas natural licuado (GNL) y gasoductos de proveedores no rusos.
- Producción local e importación de biometano e hidrógeno renovable.
- Reducción del uso de combustible fósil en hogares e industrias con el aumento significativo de energías renovables-solar y eólica-
Por tanto, la UE intenta cumplir a raja tabla dicho plan y el acuerdo climático del 2015 en París, pero la embestida del Kremlin tras sanciones económicas por el conflicto en Ucrania no cooperarían para materializarlo. “A la luz del renovado interés por el papel de la energía nuclear en las transiciones energéticas limpias, la guerra ha subrayado la necesidad de explorar opciones para invertir en nuevas instalaciones, así como la reapertura de las plantas de conversión (de uranio) existentes”, indicó Agencia Internacional de la Energía (AIE) con sede en París en el último informe de julio.
En relación a lo anterior, el carbón supone actualmente el 16 % del consumo energético de la UE y alrededor del 24 % de la combinación energética, según un informe del 2018 de la Comisión Europea sobre las regiones carboníferas de la UE, siendo sus principales aplicaciones en: calefacciones hogareñas, producción de energía-electricidad y materiales en las industrias. En términos de proporción de uso del carbón, Polonia genera casi el 80 % de la electricidad a partir del mismo, y Checoslovaquia, Bulgaria, Alemania y Grecia un 40% de su electricidad desde ese combustible fósil. Y de la dependencia industrial europea arraigada al carbón -descontando la importación de gas ruso-, Vladimir Putin se halla al tanto y se mofa de ello: "Nuestros colegas occidentales hacían mucho ruido sobre la ecología y limitación de emisiones pero ahora están cambiando al carbón (...) y tiene mucha más generación de carbón que nosotros", dijo el líder ruso hace tres meses.
Putin expone la ironía de Europa tras regresar al carbón
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