Y su rival en tono más moderado pero resistente: “A pesar de todas sus mentiras y ataques, Erdogan no recibió el resultado deseado. Nadie debería estar entusiasmado con que esto sea un trato hecho. La elección no se gana en el balcón”.
De esta manera, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ganó las elecciones presidenciales pero perdió la mayoría absoluta y tendrá que jugarse la presidencia del país en una inédita segunda vuelta donde intentará ganar para mantenerse en el poder.
Poder amenazado
El resultado de la elección es histórico, supone un desafío al poder duradero de 20 décadas de Erdogan en Turquía y su liderazgo se ve amenazado.
Erdogan rige Turquía, en cierto modo, desde 2003. Se desempeñó como primer ministro entre marzo de 2003 y agosto de 2014 y luego se declaró presidente desde ese año.
Después del intento de golpe de Estado de Turquía de 2016, y gracias a su victoria en las elecciones presidenciales de Turquía de 2018, Erdogan obtuvo una amplia gama de nuevos poderes aprobados en un referéndum constitucional de 2017, que transformaron la presidencia en un cargo ejecutivo relevante. No obstante todo aquel poder acumulado ahora core peligro:
“Erdogan se enfrenta a su prueba más dura en más de 2 décadas que llevó a su Partido Justicia y Desarrollo (Partido AK) a la victoria en sucesivas elecciones. Esta vez, la oposición está más unida y aceptó el liderazgo del presidente del Partido Popular Republicano (CHP), Kemal Kilicdaroglu, único candidato viable contra Erdogan”, había avisado Daily Sabah.
Sea quien fuera el próximo presidente de Turquía tendrá duros retos que afrontar como reflotar una economía sumida en la inflación, la reconstrucción tras los terremotos más devastadores del siglo, intentar armonizar las diversas identidades sociales del país en un contexto muy polarizado y la crisis migratoria.
Pero esta en juego también el sistema de gobierno del país. Mientras Erdogan defiende el presidencialismo, impuesto desde 2017, la oposición reclama más libertad, transparencia y división de poderes. Por ello vindica el sistema anterior en en que el presidente tiene atribuciones ceremoniales, con un primer ministro al mando, además de devolver el poder a la Asamblea Nacional, parlamento unicameral turco.
Vínculos con Europa
Expertos afirman que en caso de derrota de Erdogan, Turquía afianzará relaciones con Europa con un posible ingreso en la Unión Europea y fortalecerá su rol en la OTAN y enfriará relaciones con Moscú.
Desde la invasión rusa, Erdogan decidió exhibir una relativa neutralidad, opacada ahora por China y su plan de paz entre las dos naciones. Tal como contó Urgente24, el Presidente turco ha resultado un problema para Washington DC por tener su propia visión sobre Rusia y Ucrania, y en diversas publicaciones demócratas estadounidenses se especula si Erdogan podrá entregar el gobierno en forma pacífica, o sea que se instala que él pierde... para satisfacción de sus propios aliados en OTAN.
Además, lo cierto es que Erdogan, el único país islámico de la OTAN tiene un liderazgo ausente hoy día en Alemania y Francia, y es la oportunidad de quitarlo de escena. Por ello la Administración Joe Biden apuesta por su derrota en las elecciones en Türkiye.
Asimismo, Turquía también mantiene su veto a Suecia en la OTAN, al acusarla de albergar "terroristas del PKK" en su territorio, si bien sí ha despejado el paso a la entrada de Finlandia, otra confusión e intranquilidad dentro de Tratado Atlántico del Norte.
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