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Pedro Sánchez ante la otra cara del "motor de Europa": España bate récord de deuda

España alcanza una deuda récord de 1,763 billones y Pedro Sánchez enfrenta su propio relato, pese al fuerte crecimiento del PIB.

Pedro Sánchez lleva meses utilizando la economía como uno de sus principales argumentos políticos. España crece por encima de varias de las grandes potencias europeas, dejó atrás con fuerza el golpe de la pandemia y el Gobierno volvió a presentarla como uno de los motores del continente. Pero detrás de esa fotografía aparece ahora un dato bastante menos cómodo.

La deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó en junio los 1,763 billones de euros, el mayor volumen registrado hasta ahora, según el Banco de España. La cifra equivale al 101,5% del PIB y deja a España entre los países más endeudados de la Unión Europea, muy lejos todavía de la referencia del 60% fijada en las reglas fiscales comunitarias.

La paradoja está en que ambas realidades conviven. La economía española sigue avanzando y ese crecimiento permite que el peso de la deuda sobre el PIB sea menor que hace un año, cuando estaba en el 103,4%, pero el dinero adeudado continúa aumentando. Un reverso incómodo para el relato económico de Sánchez justo cuando Moncloa intenta demostrar que las cuentas públicas también acompañan al buen momento del PIB.

El Estado concentra la factura mientras la economía gana aire

Detrás del récord aparece un dato que explica mejor cómo se llegó hasta acá. Solo desde diciembre de 2025, las administraciones públicas sumaron 64.400 millones de euros de deuda y la mayor parte de ese incremento salió de un mismo lugar. El Estado añadió 52.600 millones en apenas seis meses, mientras las comunidades autónomas incorporaron otros 13.400 millones. El crecimiento económico consigue aliviar el peso relativo de esa montaña, pero no evita que el saldo siga engordando.

La fotografía se vuelve todavía más clara cuando se mira cada administración por separado. La deuda del Estado ya asciende a 1,602 billones de euros y crece a un ritmo interanual del 4,4%, mientras las comunidades autónomas acumulan 355.000 millones. Más llamativo todavía es el caso de la Seguridad Social, cuyo endeudamiento avanzó un 7,9% en un año hasta los 136.000 millones, impulsado por los préstamos que recibe del propio Estado para cubrir su desequilibrio presupuestario.

Hay una excepción que rompe esa tendencia. Los ayuntamientos y demás corporaciones locales redujeron su deuda un 8,1% interanual, hasta alrededor de 21.000 millones de euros. El problema, por tanto, no está repartido de la misma manera en todo el sector público. La presión se concentra fundamentalmente en la Administración central, justo cuando el Gobierno intenta demostrar que el crecimiento de la economía también terminará traduciéndose en unas cuentas públicas más saneadas.

La economía, el escudo de Sánchez para llegar a 2027

Urgente24 ya lo había contado en junio. Mientras buena parte de la conversación política giraba alrededor de los problemas que rodeaban al PSOE, Pedro Sánchez encontró en la economía el terreno más cómodo para responder. España crecía un 8,5% respecto de los niveles previos a la pandemia, avanzaba por encima de la eurozona y permitía al presidente contraponer números concretos al desgaste que acumulaba fuera de ese frente.

Desde entonces, la presión no desapareció. A los casos que involucraron a figuras históricas de su círculo político, como José Luis Ábalos y Koldo García, se sumó la causa judicial que afecta a Begoña Gómez, para quien la Audiencia de Madrid mantuvo en julio el procedimiento con jurado por presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. En paralelo, la regularización extraordinaria de migrantes promovida por el Gobierno, con más de 1,1 millones de solicitudes presentadas, abrió otro choque con PP y Vox e incluso recibió críticas de dirigentes europeos.

La crisis de Ceuta terminó por agregar otro frente durante el verano. La gestión de las llegadas masivas, la relación con Marruecos y el destino de los menores volvieron a enfrentar al Ejecutivo con Alberto Núñez Feijóo y dieron a Santiago Abascal otro argumento para cargar contra Moncloa. Son polémicas distintas, con responsabilidades y dimensiones también diferentes, pero todas tienen un mismo destinatario político. Sánchez insiste en completar la legislatura y llegar a las próximas elecciones, mientras la oposición intenta convertir ese desgaste acumulado en una imagen de final de ciclo.

Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal buscan capitalizar el desgaste de Pedro Sánchez, con la corrupción, la inmigración y ahora la deuda como ejes de presión sobre el Gobierno.

En ese escenario, la economía se convirtió en mucho más que una estadística favorable. Es probablemente el principal sostén del relato de gestión de Sánchez y el argumento que le permite responder al ruido político con crecimiento, empleo y una España que avanza más rápido que varias de las grandes economías europeas. Siempre y cuando ese frente no empiece también a mostrar grietas. El récord de deuda no borra el crecimiento ni significa por sí mismo que las cuentas estén fuera de control, pero sí ofrece una fotografía difícil de vender para un Gobierno que presume de fortaleza económica. Cuando buena parte de la supervivencia política pasa por poder señalar los números, seguir acumulando deuda hasta alcanzar máximos históricos deja de ser solamente un problema fiscal: también empieza a erosionar el escudo con el que Sánchez pretende llegar a 2027.

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