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Los New York Knicks rechazarían la visita de Donald Trump a la Casa Blanca

Tras cortar una sequía de 53 años, los Knicks rechazarían la tradicional visita a la Casa Blanca pese a que James Dolan, dueño de la franquicia, mantiene una relación cercana con Donald Trump.

Los New York Knicks todavía están celebrando uno de los títulos más esperados de la historia de la NBA, pero la fiesta ya empezó a mezclarse con una discusión política que puede incomodar a toda la franquicia. La tradicional visita de los campeones a la Casa Blanca aparece en el horizonte y, con Donald Trump otra vez en el poder, la decisión amenaza con dividir al equipo, a sus hinchas y hasta a la propia ciudad.

El conjunto de Nueva York derrotó a San Antonio en cinco partidos y terminó con una sequía de 53 años sin conquistar el campeonato. La consagración desató festejos masivos, apariciones televisivas y una celebración histórica en Manhattan, aunque también dejó al plantel frente a una costumbre que en Estados Unidos hace tiempo dejó de ser únicamente protocolar: aceptar o rechazar la invitación presidencial.

La polémica tomó fuerza después de que Boomer Esiason, histórico jugador de la NFL y actual conductor de WFAN, pidiera públicamente que los Knicks visiten a Trump. Su reclamo encontró eco porque James Dolan, propietario de la franquicia, mantiene una relación cercana con el mandatario, pero también porque el presidente fue abucheado durante las Finales en el Madison Square Garden. Por ahora no existe una negativa oficial, aunque las versiones sobre un posible rechazo ya abrieron un debate que excede por completo al básquet.

De símbolo de Nueva York a los abucheos del Madison Square Garden

La posible negativa de los Knicks no tendría el mismo peso si se tratara de cualquier otro presidente. Donald Trump nació en Queens y construyó buena parte de su identidad pública en Nueva York, primero como empresario inmobiliario, después como celebridad televisiva y finalmente como figura política. Mucho antes de llegar a la Casa Blanca, su apellido ya formaba parte del paisaje de Manhattan a través de hoteles, edificios y, sobre todo, la Trump Tower de la Quinta Avenida, inaugurada en 1983 y convertida durante décadas en su residencia, sede empresarial y principal símbolo de poder.

New York Knicks

Karl-Anthony Towns y el trofeo de la NBA tras cortar una sequía de 53 años para los Knicks.

Por eso su presencia en el tercer partido de las Finales tenía una carga especial. Trump regresaba al Madison Square Garden como presidente, reconocido seguidor de los Knicks e invitado personal de James Dolan, propietario de la franquicia y amigo suyo desde hace años. Sin embargo, cuando apareció en las pantallas del estadio durante el himno nacional, una parte importante del público respondió con fuertes abucheos. El operativo de seguridad también provocó restricciones de tránsito, demoras en los accesos y cambios alrededor del recinto, lo que aumentó el malestar en una noche que terminó con la única derrota de Nueva York frente a San Antonio en toda la serie.

La versión sobre un posible rechazo a la Casa Blanca comenzó a tomar fuerza después de aquel episodio. La actriz y conductora Loni Love publicó en Instagram que los Knicks habían declinado la invitación presidencial, una afirmación que se viralizó rápidamente y fue replicada por distintas cuentas. Hasta el momento, sin embargo, ni la franquicia ni el Gobierno confirmaron que la convocatoria hubiera sido enviada o que existiera una negativa formal, por lo que el episodio todavía debe presentarse como una posibilidad y no como una decisión oficial.

El debate terminó de instalarse cuando Esiason, exjugador de los Bengals y conductor, reclamó públicamente que los campeones viajaran a Washington. Su argumento fue que el plantel debía aceptar el homenaje por respeto a la institución presidencial y acompañar a Dolan a visitar a su “buen amigo” Donald Trump. La respuesta mostró que la discusión ya excedía al básquet: para una parte del público, los Knicks deberían separar el título de cualquier posicionamiento político; para otra, presentarse junto a un mandatario que acababa de ser abucheado en su propio estadio implicaría ignorar el mensaje de las tribunas.

Embed - Loni Love on Instagram: "Congratulations #newyork"

Philadelphia ya mostró que la invitación no obliga a nadie

Una eventual negativa de los Knicks no sería la primera señal de distancia entre un campeón estadounidense y Donald Trump. El antecedente más reciente apareció en abril de 2025, cuando Philadelphia Eagles visitó la Casa Blanca después de conquistar el Super Bowl, pero una parte importante del plantel decidió no participar del homenaje. La franquicia aceptó la invitación, aunque dejó en libertad a cada jugador para resolver si quería acompañar al equipo.

Entre los ausentes estuvo Jalen Hurts, mariscal de campo y figura del título, junto a otros nombres importantes como A.J. Brown, DeVonta Smith, Jalen Carter, Jordan Davis y Brandon Graham. El propietario Jeffrey Lurie había anticipado que la asistencia sería completamente voluntaria, una postura que evitó presentar las ausencias como una rebelión colectiva, pero que igualmente dejó una imagen contundente: el campeón llegó a Washington sin varias de sus principales estrellas.

El caso tenía además un antecedente mucho más tenso. En 2018, después de otro campeonato de Philadelphia, Trump canceló la ceremonia al conocer que asistiría una cantidad reducida de jugadores. La discusión quedó atravesada entonces por las protestas durante el himno, la relación del mandatario con la NFL y el derecho de los deportistas a no convertir un reconocimiento institucional en una fotografía política.

Desde entonces, la visita a la Casa Blanca dejó de funcionar como un trámite neutral. Para algunos jugadores sigue siendo un reconocimiento al país y a la presidencia, sin importar quién gobierne; para otros, posar junto al mandatario implica una forma de adhesión pública que no están dispuestos a conceder. Los Knicks, por lo tanto, no estarían rompiendo una tradición intacta, sino entrando en una discusión que ya atravesó a campeones de la NFL, la NBA y otras ligas estadounidenses.

Messi sí fue y quedó atrapado en el discurso de guerra de Trump

El contraste con Inter Miami explica por qué la posible postura de los Knicks ganó tanta fuerza. El conjunto de Florida aceptó la invitación y visitó la Casa Blanca el 5 de marzo, después de conquistar por primera vez la MLS Cup con una victoria 3-1 ante Vancouver Whitecaps. Lionel Messi asistió junto al plantel, recibió elogios del presidente y participó de una ceremonia que debía limitarse a celebrar el título, pero rápidamente quedó atravesada por la agenda política del Gobierno estadounidense.

La presencia del argentino tenía, además, un valor simbólico especial. Era su primera visita al edificio presidencial, después de no haber acudido en enero de 2025 a recibir la Medalla Presidencial de la Libertad otorgada por Joe Biden por un problema de agenda. Trump aprovechó aquel antecedente para remarcar que ningún mandatario había podido recibirlo antes y lo colocó en el centro del acto, mientras Inter Miami le entregaba una camiseta rosa con su apellido y el número 47, una pelota decorada y otros obsequios institucionales.

Lionel Messi con Donald Trump.

Lionel Messi junto a Donald Trump durante la visita de Inter Miami a la Casa Blanca, una ceremonia que terminó atravesada por el discurso político y militar del presidente estadounidense.

Sin embargo, la celebración deportiva quedó desplazada durante varios minutos. Antes de homenajear al campeón, Trump habló sobre los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, defendió la ofensiva militar y aseguró que las capacidades del enemigo estaban siendo destruidas. Las cámaras mostraron al plantel acompañando con aplausos distintos pasajes del discurso, una imagen que desató críticas especialmente dirigidas contra Messi, acusado en redes sociales y algunos medios de prestar su figura a una ceremonia utilizada para justificar la guerra.

El rosarino no pronunció un mensaje político ni expresó públicamente apoyo a la intervención, pero su sola presencia junto a Trump alcanzó para abrir una discusión que excedía por completo al fútbol. La fotografía, los aplausos y los regalos fueron leídos por muchos como una validación del mandatario en uno de los momentos más delicados de su política exterior. Aquello que para Inter Miami podía ser un homenaje protocolar terminó convertido en una escena global cargada de consecuencias.

Por eso la decisión que rodea ahora a los Knicks no se limita a aceptar o rechazar una tradición. La experiencia de Messi mostró que entrar a la Casa Blanca implica ceder parte del control sobre el mensaje y quedar expuesto a que una celebración deportiva sea absorbida por el relato presidencial. El equipo neoyorquino sabe que una fotografía con Trump no se leerá únicamente como el cierre de una sequía histórica, sino también como una definición política frente a una ciudad que ya lo recibió con abucheos.

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