Henrique Mariño relata en una nota publicada en el medio Público el resto que la historia, donde Japón, con su flota mermada tras la batalla del golfo de Leyte, decidió defender a muerte la isla Iwo Jima. Para ello, el general Kuribayshi desembarcó con 21.000 soldados, que tejieron una red de túneles y búnkeres para sorprender al enemigo.
La batalla se saldó con la muerte de unos 5.600 de los 70.000 marines que combatieron en la isla. Todos los soldados japoneses fallecieron, a excepción de dos centenares que decidieron rendirse, algo que no hicieron muchos de sus compañeros, que prefirieron lanzar un ataque suicida antes de capitular. El Ejército de USA quería tomar la isla en diez días y la lucha se prolongó durante más de un mes. El valor y la resistencia de las tropas niponas hizo ver a los americanos que la conquista de Japón supondría un número de bajas inasumible.