El húngaro, el líder europeo más afín al autócrata ruso, guardó silencio cuando el jefe del Kremlin pidió una retirada de las tropas ucranias de las cuatro provincias que Rusia ocupa parcialmente. En Kiev, unos días antes, pidió a Zelenski un alto el fuego que permita abrir una negociación.
Orbán ya causó estupor cuando se entrevistó el pasado mes de octubre con Putin en Pekín: fue el primer líder de la UE en darle la mano tras la orden de detención internacional por crímenes de guerra dictada por el Tribunal Penal Internacional.
Fuentes diplomáticas europeas alertan que Orbán juega intencionadamente con la ambigüedad sobre la presidencia europea al mostrar, por ejemplo, el logo durante sus comunicaciones. “La tensión es muy alta después de solo siete días de presidencia y se espera que sea aún mayor”, dicen las mismas fuentes. El sábado, solo un día después del viaje a Moscú para estrechar la mano de Putin, el húngaro participó en una reunión de la Organización de Estados Túrquicos en la que se ha tratado de legitimar a los secesionistas turcochipriotas, advirtió el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, en un comunicado de rechazo, en el que también avisó de que Hungría solo se representa a sí misma.
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