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Su sexto sentido la hizo despertarse y se dio cuenta que el edificio se estaba partiendo

Una "fuerza sobrenatural", según relató, la hizo despertarse en medio de la noche, minutos antes de que el edificio en el que estaba durmiendo se derrumbara. "Una voz interior me decía 'corre'".

La cubana Ileana Monteagudo se encontraba durmiendo en su apartamento de las Champlain Towers South, en Surfside, Miami, poco antes de que se desencadenara el trágico derrumbe en la madrugada del 24/6.

Una "fuerza sobrenatural", según relató la propia Monteagudo, de 64 años, al diario El Nuevo Gerald, la hizo "abrir los ojos". Estaba con el sueño entrecortado por la preocupación de que tenía que madrugar.

Contar la historia de cómo sobrevivió al derrumbe, dijo en una entrevista televisiva, es "horrible", pero lo hace porque quiere "que la gente sepa que Dios existe y que los milagros existen": 

"Yo estaba dormida, preocupada pero dormida, y algo me despertó. Yo no puedo decir que una voz, a mí no me tocó nadie, ni yo sentí una voz ni nada, fue una fuerza sobrenatural que me sentó en la cama y entonces empiezo a escuchar un crac, crac... Unos craquidos alrededor del departamento".

Esa percepción la hizo ir a chequear la puerta del balcón que daba al mar, porque creyó que los sonidos podían provenir de que la puerta había quedado abierta o mal cerrada.

"Y cuando fui a la sala pensando que la puerta del balcón era la que estaba abierta y el aire me hacía ese sonido, vi que no la podía cerrar y siento otro craqueo y miro atrás, veo que del techo va bajando una grieta que no para, que baja, baja, baja y mientras más baja, se va ensanchando como dos dedos y algo me dijo tienes que salir de aquí volando."

"En ese momento salí corriendo para mi cuarto, me quité la piyama, me puse un vestido y disculpen, no me puse un sostén porque yo sabía que ese tiempo de abrochar un sostén iba a ser crucial. Algo por dentro me lo decía. Era una voz interior que me decía 'corre'. Salí corriendo para el comedor, agarré esa cartera que es lo único que me quedó del pasado".

Monteagudo apagó la vela de la Virgen de Guadalupe que siempre dejaba prendida, previniendo que un incendio haría más daño y salió al pasillo.

Ella no sabía dónde estaban las escaleras de emergencia más cercanas a su departamento porque se había mudado en diciembre.

Esa omisión, increíblemente, también la salvó, ya que esa escalera que hubiese tomado, también terminó por derrumbarse.

En cambio, fue por las escaleras que conocía, que quedaban pasando el ascensor.

"Era un silencio sepulcral, todo el mundo dormido", relata Monteagudo.

Cuando iba por el cuarto piso sintió un “estruendo ensordecedor”, pensó que el edificio colapsaba, que la aplastaría.

Se acordó de un dicho que decía su abuela y siguió adelante: “Quiero ver a mis hijos, a mis nietos, déjame vivir un poco más”, le pidió a Dios. “El miedo era llegar a los bajos y que los escombros no me dejaran abrir la puerta”.

Finalmente salió del edificio, encontró obstáculos, un muro que tuvo que saltar, y una mano tendida, la del guardia de seguridad del edificio que la ayudó a salir a la calle, explica el Miami Herald.

“No he llorado por lo material, aunque lo necesito, sino por mi vecina de enfrente, Hilda, que era sorda y que no pude despertar”, dice.

Monteagudo afirma que que antes de comprar el departamento nadie le avisó de los "serios problemas estructurales" que padecía y que se sabían desde hace tiempo.

“Todas esas vidas perdidas.... Eso no fue un acto terrorista, fue un asesinato. Era algo que se pudo evitar”, señala, confesando su temor de que “se olvide lo que pasó”.

También se alegró de que no haya muerto más gente, aunque la que murió y la que sigue desaparecida ya son demasiados, por el hecho de que muchos departamentos estaban vacíos, ya que es un edificio donde mucha gente comprar para tener para veraneo.

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