"Para que nos formemos una idea de la grave situación de la educación pública colombiana, cabe resaltar estos datos: solo el 48,5% de los bachilleres colombianos consigue entrar en la universidad, y la deserción universitaria es superior al 45%. Esto significa que aproximadamente la mitad de los que acceden a la universidad no continúa. Solo alrededor del 24,2% de los bachilleres alcanza a integrarse plenamente a la enseñanza universitaria", explicó Fernán Medrano en Sputnik News.
Pero el fenómeno de los jóvenes saliendo a la calle a protestar no solo no se circunscribe exclusivamente a Colombia sino que tampoco lo hace en relación a América Latina.
Ha habido fuertes protestas en países de Medio Oriente y, más recientemente, en París.
Para el académico Alfredo Jalife-Rahme, los "millennials salen a la calle porque no tienen futuro".
El especialista en geopolítica explicó a Notimex que las protestas globales de los millennials son legítimas por esta causa, sin importar en qué país viven o si son gobernados por la derecha o la izquierda.
“Estamos hablando de millennials, con menos de 30 años de edad, que no tienen futuro, tienen que salir a la calle, igual salen en Francia, donde llevan más de un año los Chalecos Amarillos, que en América Latina donde da igual si son gobiernos de derecha, como Chile y Colombia, o el de izquierda, como el de Evo, (…) el problema es que los políticos redireccionan estas protestas legítimas”, afirmó.
La directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia, María Victoria Murillo, escribió un artículo en Americas Quarterly en donde explica el fenómeno de las protestas recientes en la región.
Según ella, en las últimas 2 décadas, el crecimiento económico trajo redistribución cultural y socio económico pero no resolvió la debilidad institucional endémica. Cuando la torta dejó de expandirse, "las tensiones crecieron en 2 patrones generales, que adoptaron expresiones y síntomas diferentes en cada país."
"Primero, una reacción contra las diferentes formas de redistribución aumentó la polarización social basada en clase, etnicidad o género. Segundo, los escándalos de corrupción que se expanden a través de la región contribuyeron al desencanto de una ciudadanía a la que le habían prometido igualdad democrática, pero descubrió que las reglas del juego podían ser diferentes para las elites políticas y económicas. Estas tensiones generaron diferentes esciciones políticas. La primera confrontó a los sectores populares contra las clases medias; la segunda, a todo el mundo contra las elites. De manera esquemática, la crisis boliviana actual ejemplifica lo primero y la chilena, lo segundo. Estas tensiones, sin embargo, están presentes en diferentes grados en todos los países y emergieron cuando escándalos de corrupción, políticas de ajuste o resultados electorales disputados, desataron protestas", escribió Murillo.