Las autoridades italianas incautaron una tarjeta de memoria que registra el intercambio entre Biot y el empleado ruso, en la que se encontraron 181 fotos de documentos clasificados.
Entre ellos, hay 9 documentos de carácter militar clasificados como altamente confidenciales y 47 del tipo "Secreto de la OTAN", según el diario La Stampa.
El contacto ruso, de acuerdo al diario italiano, le había proporcionado 4 teléfonos al italiano para usar solo para fotografiar documentos. Los dos hombres, de hecho, nunca se hablaron por teléfono ni enviaron mensajes. Solo se encontraban personalmente, el último martes del mes a las 6 de la tarde.
En ese sentido, la Fiscalía aseguró que no se habría tratado ni de "actividad esporádica ni aislada". Todo lo contrario.
Biot, por otro lado, ejerció su derecho a no contestar durante la audiencia.
Quien sí habló fue su abogado Roberto de Vita; dijo que se trató de un error cometido "en un momento de profunda crisis personal, familiar y económica, también por graves condiciones de salud de la hija".
Además, según dijo el letrado, el tráfico de documentación a los rusos "no comprometió de ninguna manera la seguridad del Estado".
En el interrogatorio prevista en la audiencia de validación, el oficial se limitó a decir haber estado "confuso y desconcertado".
Según su esposa Claudia Carbonara dijo a medios italianos, el capitán de la marina italiana estaba “desesperado” por obtener dinero ya que su salario era insuficiente para mantener a sus hijos, uno de ellos con una discapacidad grave.
“Mi marido no quería joder el país. Les dio a los rusos lo mínimo que podía entregar. Nada muy comprometedor. Porque no es estúpido, irresponsable. Solo estaba desesperado. Desesperado por nuestro futuro y el de nuestros hijos”.
El oficial ruso, junto a otros diplomáticos que habrían colaborado con la operación, fueron expulsados del país, salvándose de la detención gracias a la inmunidad diplomática.
Según Ansa, 2 funcionarios rusos involucrados, quienes habrían contratado al italiano, llamados Alexey Nemudrov y Dmitri Ostroukhov, se tomaron un vuelo el jueves a Moscú.
El ministro de Relaciones Exteriores italiano, Luigi Di Maio, convocó al embajador ruso Sergey Razov para presentar una protesta formal. Y el miércoles, dijo al Parlamento que la medida de Rusia era un “acto hostil que tendrá consecuencias”.
Desde el Kremlin, por otro lado, un portavoz dijo que esperaba que el incidente no afectara “la naturaleza muy positiva y constructiva” de las relaciones entre ambos países.
La pena prevista por el artículo 257 del Código Penal italiano, si alguna de las acusaciones sobre el espionaje oficial, político y militar se confirmara, no es inferior a 15 años, mientras que puede ser condenado a cadena perpetua si "el hecho comprometió la preparación para la guerra o la eficiencia bélica del Estado, o las operaciones militares".