Es que, aunque los bombardeos de la Guerra de Doce Días y de la Operación Martillo de Medianoche han destruido las plantas de Fordo, Natanz e Isfahán, Trump no ha logrado dar con los más de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido (UHE), aptos para la fabricación de armas nucleares, que se hallan desaparecidos tras los ataques aéreos iniciales y que podrían haber sido trasladados a lugares seguros, según informó el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en junio.
El rumor de que Teherán trasladó su uranio enriquecido antes de la segunda tanda de bombardeos estadounidenses se alimentó aún más con la viralización de unas imágenes satelitales reveladas en marzo que mostraban un camión de plataforma plana transportando unos sospechosos barriles azules en un paraje desértico cercano a los túneles subterráneos de Isfahán, los búnkeres que forman parte de las instalaciones nucleares de Irán.
"¿No es momento de entusiasmarse? ¿Traslado de una carga considerable de uranio altamente enriquecido a plena luz del día?”, ironizó en sus redes sociales Olli Heinonen, antiguo jefe del Departamento de Salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ante la publicación de las fotografías por el diario francés Le Monde.
Vista del edificio del reactor de la central nuclear de Bushehr, durante la carga del primer combustible, el 21 de agosto de 2010 en Bushehr, al sur de Irán, en una imagen facilitada por la IIPA (Agencia Internacional de Fotografía de Irán). | HANDOUT (GETTY IMAGES)
Irán no es un rival fácil de roer para Estados Unidos
Evidentemente, a la luz de los hechos, Trump ha fracasado en desmantelar todo el programa nuclear persa, pero también cabe destacar que Irán no es un rival fácil de derrotar, a pesar de que armamentísticamente es inferior a Estados Unidos. Esto se debe a que el país persa también tiene una manera de ejercer máxima presión y ganar la guerra sin la necesidad de invadir Estados Unidos ni gastar excesivamente en municiones: a través del bloqueo del flujo internacional del petróleo en el estrecho de Ormuz y del bloqueo hutí en el estrecho de Bab el-Mandeb, en la desembocadura del mar Rojo.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, es una vía marítima estratégica por la que transita una gran parte del petróleo y del gas del mundo. A sabiendas de ello, los iraníes ya han utilizado el control de esta vía marítima, que forma parte de su jurisdicción y de la de Omán, incluso desde el segundo día de la guerra, como una manera de forzar a EE. UU. a negociar o retirarse, ya que conocen el impacto en los precios internacionales del crudo, los mercados, los combustibles y hasta en el costo de vida estadounidense.
Por eso, Donald Trump suspendió los bombardeos durante el fin de semana, lo que se tradujo en un descenso de los precios internacionales del crudo, aunque él asegura que lo hizo para negociar directamente con Teherán, a pesar de que la República Islámica lo desmienta y sostenga que no tiene conversaciones directas con EE. UU. desde mediados de junio.
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