El precio de opinar (y de una docena de empanadas)
La polémica estalló cuando Darín fue a la mesa de Mirtha Legrand el 24/05 y, entre comentarios distendidos, lanzó: "Una docena de empanadas sale 48.000 pesos. Hay gente que la está pasando muy mal. No comprendo de qué están hablando", en referencia a los dichos del Gobierno sobre los dólares "guardados en el colchón".
Esa frase bastó para que el ministro de Economía, Luis Caputo, saliera con los tapones de punta. En diálogo con Luis Majul, dijo: "Se quiso hacer el nacional y popular y dijo una estupidez que todavía lo están gastando en redes". También lo tildó de "Ricardito", con un tono de suficiencia que no pasó desapercibido. "Todo bien si él puede comprar empanadas en Mi Gusto o Don Julio, pero las empanadas no valen eso, don Ricardito", agregó.
Darín, lejos de quedarse callado, respondió con firmeza: "Nunca lo traté mal, no lo conozco. No entiendo por qué me dice ‘Ricardito’ y ‘lo que dijo es una estupidez’, con lo cual me estaría tratando de estúpido". Y fue más allá: "Si empezás a tener miedo de decir lo que pensás, sin ofender ni insultar, te empezás a quedar callado. Y no está bien, porque estamos en democracia".
El cruce escaló y, entre ironía, sarcasmo y un poquito de mala leche, en redes aparecieron memes apodándolo "El Empanauta". Cuentas libertarias que antes celebraban la serie por "no ser tan zurda", ahora aprovechaban para cargar contra el actor. Incluso la casa de empanadas Mi Gusto, a la cual se relacionó con los precios mencionados por el actor, tomó el comentario de Caputo y se burló con una publicidad usando un Porsche para ilustrar el ejemplo del Ministro.
Pero, como suele pasar, la discusión sobre las empanadas no era sobre empanadas, sino sobre una sensación generalizada: los precios se fueron por las nubes, y mencionarlo públicamente parece molestar más que los aumentos en sí.
Así están las cosas: Darín, ese actor que criticó al kirchnerismo, al macrismo y ahora al mileísmo, terminó empanado por la grieta. Por opinar. Por decir que la cultura no se entierra tan fácil. Por recordar que las cosas están caras. Si eso lo convierte en enemigo del Estado, estamos al horno.
Quizás lo que más molesta de Darín no sea su ideología, sino que piense por él mismo. Porque en tiempos donde la lealtad ciega es moneda corriente, un tipo que duda, pregunta y no se alinea del todo, resulta peligroso. Y en esa, querido lector, nadie se salva solo.
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