Calabró defendió la sospecha de Alfano sobre un posible veto, y redobló la apuesta: "Lo que me jodió de ella es que salió a dar notas y decir que mi versión era mentira cuando no es así, y Graciela está en su derecho de pensar que fue Susana." También reclamó que, tras contar esta historia, se sintió tratada de mentirosa y que, a esta altura, "ya estamos grandes para que nos trate de taradas a la Alfano y a mí, en este caso."
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Calabró reclamó que Alfano no fue informada de una nueva invitación y defendió su versión del veto. La conductora negó la intervención de Susana, pero el conflicto dejó expuesta la desconfianza en la TV argentina.
El enfrentamiento mostró que, a veces, la falta de transparencia y el manejo poco claro de las decisiones generan conflictos que se escalan rápidamente. Además, pone en evidencia la presión que sufren quienes trabajan en estos medios, en un ambiente donde las filtraciones, los rumores y las desmentidas complican todavía más el día a día.
Verónica Lozano, por su parte, aclaró que la participación de Alfano estaba confirmada desde hacía un mes, antes de que se reactive este conflicto, y negó tajantemente la intervención de Susana Giménez en la cancelación. Pero el malestar ya está instalado, y la grieta entre las protagonistas es más visible que nunca. En definitiva, este cruce muestra un sistema mediático donde la desconfianza gana terreno, y donde la verdad queda siempre relegada al segundo plano.
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