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Silobolsa, la clave está en el monitoreo

Las próximas campañas agrícolas son decisivas para una economía escasa de moneda extranjera y compromisos importantes no sólo para pagar importaciones indispensables. Pero, ademàs, el productor tiene que lograr herramientas valiosas para defender sus intereses. Si bien la silobolsa se inventó en Alemania para almacenaje de forraje, fue en Argentina donde cobró gran desarrollo para todo el embolsado de granos.​ Llegó en 1994 y desde 1995 se comenzaron a realizar, por el INTA, los primeros ensayos. Desde sus comienzos se usó con escasos conocimientos técnicos debido a la poca información a nivel local e internacional que se disponía.

La calidad y cantidad de granos producidos quedan definidas al momento de la cosecha. A partir de ahí el desafío es no perder.

Guardar los granos en bolsas plásticas es parte de la realidad de la mayoría de los productores, aproximadamente el 50% de la producción se guarda en silobolsas. Sea por temas de logística, manejo comercial de la producción, flujo de fondos de la empresa u otro motivo/objetivo.

Para el uso de esta tecnología, la clave principal es la hermeticidad; pero hay otros puntos clave para tener en cuenta.

Humedad, dato clave

Además de los detalles técnicos a la hora del armado de la bolsa (ver recuadro) se debe considerar el contenido de humedad del grano al momento del embolsado, por su efecto posterior. Dicho valor dará las condiciones y plazos de guarda del grano dentro de la bolsa.

Hoy muchas cosechadoras pueden dar el valor de humedad del grano en el mismo momento de la cosecha y descarga de la tolva, por lo que se puede definir el destino de cada monotolva. Se puede guardar una parte en bolsas y otra en silos de chapa o envío a acopio. Incluso si se dispone de dos embolsadoras, armar bolsas con diferente contenido de humedad de grano.

Cuando la humedad es inferior a 13.5 % el riesgo de pérdidas es bajo, el % de granos dañados por brotado o ataque de hongos es menor a 5 y podrá ser comercializado sin restricciones, incluso hasta 12 meses posteriores al embolsado.

No debe dejarse de considerar además que el grano durante la cosecha y manejo hasta la bolsa, o silo de chapa, puede sufrir rotura y daño mecánico no visible.

Cuando los sinfines de monotolvas o de la misma embolsadora no están en buen estado de conservación tienden a generar daño. Esto predispone, al grano, de un modo diferente al ataque de insectos y microrganismos.

Además el tegumento de la semilla de soja sirve también para regular el intercambio gaseoso.

Cuando la humedad del grano está entre 13.5 y 16 % el riesgo de deterioro es mayor y el costo de comercialización puede subir por el secado, además de las mermas por la humedad misma.

Para este rango de humedad y mayores también, se puede utilizar una solución de ácido propiónico a razón de, como mínimo, 3 l/tn de soja para mejorar las condiciones de almacenaje. Tal tarea debe ser muy bien realizada ya que se debe mojar la mayor parte posible del grano. Buscar una buena distribución de los picos y trabajar con bajo flujo de granos.

Si la humedad es mayor a 16 % el riesgo de guarda en bolsas plásticas es muy alto, con valores claramente superiores a 5 % de granos dañados y normalmente no se puede extender más de 30 días el plazo hasta la extracción.

En estos rangos de humedad del grano, la temperatura ambiente juega un rol preponderante y aumentativo del riesgo, las bolsas ofrecen una superficie de exposición proporcionalmente muy superior a los silos de chapa, es más fácil que la temperatura suba y afecte los granos.

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Durante el llenado es importante tener bien ajustado el freno de la embolsadoras y de ser necesario utilizar el freno de tractor especialmente en los momentos en que la máquina no recibe granos ya que es allí donde ocurren las deformaciones de la bolsa en forma de valle, que resulta en una cámara de aire donde condensará humedad. Al momento del cierre, además del termosellado es recomendado hacer una zanja y enterrar la punta de la bolsa de modo de permitir el escurrimiento del agua de lluvia. El monitoreo frecuente de las bolsas ya cerradas es una condición obligada, además de protegerlas con alambrados eléctricos y limpieza de los alrededores. La hermeticidad del silobolsa se debe mantener durante todo el período de guarda y eso obliga la revisión para las reparaciones que correspondan y determinar causa y frecuencia de las roturas para aprender y planificar la próxima campaña.

Invisible a los ojos

El ambiente intergranario dentro de las bolsas resulta invisible y al mismo tiempo esencial para no perder ingresos de la empresa. Saber lo que pasa dentro resulta, entones, clave durante el período de guarda. Para esto existen distintas formas de monitoreo.

La frecuencia depende del estado de los granos al momento del cierre. Cuando el grano fue guardado seco (13 % de humedad) puede monitorearse cada 30 a 45 días, de lo contrario deberá ser más seguido.

Una de las opciones es realizar un calado que debe llegar hasta la parte más baja, sector donde casi siempre comienzan los problemas. Los puntos o sitios de monitoreo, y la cantidad por bolsa dependen de la uniformidad de los granos guardados dentro. Dato que debe ser generado al momento de embolsar.

Si se marcó algún punto como de riesgo será un sitio específico para el testeo. Pero el calado resulta poco práctico, por el tiempo requerido para la toma de la muestra más el sellado posterior de la bolsa.

Otra forma de controlar el estado de los granos almacenados es mediante el monitoreo con equipos de medición de CO2, que se basa en la respiración del grano asociada con los microorganismos e insectos, lo que produce un incremento en la concentración de dicho gas y una reducción en la concentración de O2 sobre todo con grano húmedo.

Esta tecnología permite localizar áreas o focos de alteración, en plazos no superiores a los 7 días de almacenamiento. Los equipos permiten sectorizar la bolsa y localizar el problema previo al deterioro de los granos, con una alta sensibilidad y sin dañar la integridad del plástico.

La medición se realiza con una pequeña aguja hipodérmica, lo cual permite que un solo operario pueda evaluar entre 15 y 20 bolsas en un lapso de una hora. El muestreo puede además georreferenciarse y hacer seguimiento remoto del historial de datos recolectados para planificar el orden que se dará a la extracción.

Existe también la posibilidad de instalar equipos fijos en las bolsas o celdas de acopio para un monitoreo remoto constante. Las sondas relevan la información de concentración de CO2; humedad y temperatura de la masa granaria y la suben a la nube, así, desde cualquier lugar con acceso a internet pueden consultarse los datos y tomar decisiones de extracción antes que ocurran pérdidas.

También hay un dispositivo desarrollado por INTA que permite chequear la hermeticidad de la bolsa. En este caso el monitoreo es puntual, se coloca una bomba depresora que reduce la presión de aires dentro de la bolsa y mide el tiempo que demora en alcanzar la mitad de la depresión generada. En función de ese lapso se determina si la bolsa está hermética o tiene fisuras.

Las fallas de esta condición permiten el ingreso de O2 desde el exterior y por tanto habrá mayor respiración de los granos y, posiblemente, actividad biológica de hongos e insectos según otras condiciones mencionadas. Vale recordar que la respiración de los granos es a expensas de sus propias reservas.

El aumento rápido de la concentración de CO2; gracias a la hermeticidad, anula la actividad biológica (respiración) de granos, insectos y hongos.

El ojo crítico

Todos conocemos la frase de reza “el ojo del amo engorda el ganado”; en este caso podemos decir que el ojo del empresario agricultor asegura la el valor de la producción. Sabiendo que debemos ponerlo durante el proceso de armado de la bolsa y dentro de la misma.

Tener la información y saber manejarla resultan clave para no perder dinero.

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