Sobre todo en cuarentena cuando la principal herramienta de contacto con el mundo exterior fueron las redes sociales y lo único que se veía en ellas eran conversaciones y publicaciones de estrellas incentivando a la gente a votar. De acuerdo con Lawrence, a esto se le suma el efecto de intimidad que emana de las redes. “ La mayoría de los millenials saben más acerca de Kim Kardashian que de un vecino o sus compañeros de clase”, explica la autora. Esto hace que indudablemente creamos en sus mensajes. Aunque rara vez esas opiniones de celebridades se convierten en votos.
“La petición de Taylor Swift hizo que 65.000 fanáticos se registren a votar en menos de 24 horas, y Kyle Jenner causó lo mismo con una foto en bikini”, recuerda Cooper. Al fin y al cabo son los famosos líderes de opinión de los que ya hablaba Paul Felix Lazarsfeld en 1940. Personas carismáticas, que conozcan sobre un tema (no es el caso específico de las celebridades) e identificarse con la comunidad a la que le habla. No es casualidad que Jennifer Lopez hable con Joe Biden el potencial de los latinos en Estados Unidos. Sin embargo, la clave está en los grupos de pertenencia.
“La familia y amigos tienen mucho más impacto en quien vas a votar porque son más propensos a hablarte acerca de temáticas específicas claves y debatir los planes de los candidatos”, explica Lawrence basándose en estudios que utilizó para su libro. Entonces, ¿por qué a muchos les molesta que las celebridades den su opinión y sean activistas en la política? “Las celebridades no son expertos y no saben más que otro ciudadano. Pero actúan como si lo fueran,y es poco atractivo”, concluye la periodista y analista.
La realidad es que cuando se trata de acercarse a las urnas o enviar el voto por correo, la participación de la elité artística y de un granjero en Iowa o Nebraska. Aunque según Cooper, el narcisismo hollywoodense es una de las tres razones que llevan a los artistas a ponerse en el rol de líderes. Por otro lado, un gran sentido de culpabilidad.
"Son tan agradecidos de estar donde están que se sienten un tanto culpables de tener tanto dinero y acceso a oportunidades”, asegura la experta dando en el punto clave teniendo en cuenta que uno de los mensajes más leídos en redes sociales con respecto a esta temática es sobre la realidad paralela en la que parece que viven los famosos. Es muy fácil hacer cuarentena en una mansión o sacarse fotos en las marchas por #BlackLivesMatter. Y tercero, el hecho de que entienden que su gran alcance y plataforma los llama a ser responsables.
Sin embargo, ¿hasta qué punto se involucran? Por un lado existen figuras como Julia Roberts o Jennifer Aniston que solo hablan de política cuando todo el país lo está haciendo, pero después aparece un Arnold Schwarzenegger que se involucró tanto que fue gobernador durante dos mandatos acaparando el 55% de los votos. “La situación nos obliga a hacer nuestra propia investigación y no tomar todas las palabras de las celebridades como importante”, concluye Lawrence.
Si bien Hollywood siempre fue mayormente demócrata, tiene su bastión republicano pero que no suele tomar el rol de activista sino que como Schwarzenegger, Regan, Kanye West o el mismo Donald Trump, eligen ir por un lugar en el gobierno. Aunque este año la atención no parece estar centrada en el apoyo hacia Joe Biden, sino más bien el rechazo hacia el presidente Trump. Tal es así que muchos que apoyaban a Bernie Sanders o Amy Klobuchar en los debates demócratas, se vieron obligados a girar hacia Biden. Incluso Dwayne Johnson: "The Rock", quien siempre se había autodefinido como “centrista”, apoyo a los demócratas.