Las fotos sobre la llegada del cajón de Gardel, repatriado y- además - ya en calidad de símbolo, son únicas. Cuando Gardel llegó (sus restos) ya estaba decidida su eternidad. Aconsejo mirarlas. Para que sepa de qué se habla cuando se menciona a Gardel y su fenómeno. Década del 30. Ubicar en Tiempo y Espacio. Hoy, en el 2020, hay programas musicales con sus 600 y tantas grabaciones. Algo sucede con los símbolos, los mitos, los hechos populares.
La muerte de Perón, todavía con teletipos, centrales radiofónicas y comunicaciones que no escapaban a la década (1º de Julio 1974) nos acerca a un fenómeno popular que puede evocarse y servir de antecedente. Se suma a Gardel.
Hay muertes que encierran efectos multiplicadores diferentes, pero que se sabe que serán así: disparadores. Hay pruebas documentales, análisis, antecedentes. Olmedo. Troilo. Néstor Kirchner. Sandro. Mercedes. Hasta Rodrigo. Cada muerte de un espejito de lo nuestro convoca al poliedro.
Perón, esto lo escribí en un veterano libro: “Perón y su tiempo” (1985) El General era un poliedro con infinitas caras, mínimos espejitos donde nos encontrábamos con nosotros. Era nuestro rostro el que mirábamos. Con su muerte nos apropiamos de esa faceta de tal infinito poliedro. Nos queda, lo tenemos, existe, pero el inmenso cuerpo facetado ya no está, todos poseemos un trozo especular. Nos vemos. En nuestra mirada creemos que está, que va la suya. Qué otra cosa que la fe mueve estos temas…
Nadie deja de ver su pasado y el instante que se memora. Algunos no ven una buena imagen, tal vez ni se vean, quizás peguen un respingo y vea un drogón, un cómico loco, un tipo por la carretera a 220 km por hora, un estrábico ávido de dinero, un gordo que se dormía tocando el bandoneón y a muchos no les gustaba ni les gusta el bandoneón. El más alto susto, El General.
Perón es inevitable, pero no es una esfera, es un poliedro. Algunos desearían que nunca. Es otra faceta. Hay muchísimas. Todas reales. El espejito está y también la imposibilidad de reconstruir el total. La entrañable memoria produce un facto antigestáltico. La suma de las partes otorga eternidad. El todo es imposible, no así la errática suma de las partes.
Maradona es eso. El compendio mas perfecto de las transgresiones. Un nuevo poliedro, otra vez trataremos de asirnos a su madero. Ha sido todo lo malo. “Si yo fuera Maradona viviría como él”, la frase de Manu Chao resume eso, el carnet de perdonemos todo… es Maradona. También el espejito que cada uno tiene. Un gol. Un saludo. En muchos la envidiosa y perfecta sensación: viviría como él. Nunca algo totalmente dentro de la ley. Nunca.
El tema se vuelve complicado cuando son reyes y presidentes, famosos y mínimos y miserables pordioseros de cualquier zaguán que dicen lo mismo. Lo queremos. Con olvido y con perdón.
Argentina es un país donde se quiere, con guitarritas de lata, cantar como Gardel. Levantar los brazos y que la Plaza de Mayo grite “Perón/ Perón, que grande sos…” Ahora se agrega: vivir como Maradona… y hacer un gol.
No se puede. Alguien debe cocinar, otro apagar la luz. Algunos laburar y laburar. Lo que asombra es que esto, que parece mínimo, no lo entendiese Alberto Ángel Fernández, el porteño, y aceptase el consejo de alguien con caca en la cabeza. Solo así se explica, con caca en la cabeza.
La Casa es Rosada porque unieron el blanco y el rojo para la unidad. Es la casa del Presidente de todos los argentinos. Si se ofrece para un velatorio popular la tarea es esa: construir un velatorio popular. Es tan fácil. Llegan por este lado, se van por aquel. Lloran, dejan sus flores o su camiseta y el mundo entiende: se les murió Maradona. Estaban resueltos hasta los tres días de duelo nacional. Así lo que se murió es la capacidad de hacer algo bien. No le salió ni esta o sea: ni Maradona los salvó. No quiero ni pensar si les tocaba la muerte de Gardel o el velatorio de Perón. Uff. Perdón por el exabrupto, lo creí necesario.