De esta manera, los Fernández intentan escapar por la ventana de la agenda económica, que es un verdadero caos y no aparece un horizonte de estabilidad y crecimiento.
Ahora bien, a la crisis económica ahora se suma la crisis en la comunicación interna. Luego del ida y vuelta sobre la vacuna rusa, cuyas improvisaciones de funcionarios van a terminar aterrando a la sociedad, el jefe de Gabinete Santiago Cafiero salió a desmentir al mejor amigo de su presidente Alberto Fernández, el diputado nacional Eduardo Valdés.
Valdés ayer (19/12) había dicho que “sí, va a haber un cambio de ministros. Hay un equipo de pandemia que se fue desgastando y seguramente habrá que renovar y oxigenar varias áreas”.
Cafiero salió con los tapones de punta a desactivarlo: "Es justo lo contrario de todo lo que se escribió, no pasó nada con eso. Se hizo una carnicería de funcionarios, y no pasó nada. Lo que dijo es que nosotros representamos a los sectores populares, que nada va a romper ese rumbo, ella revalidó eso. Y dijo que los que no estén a la altura de esto, que den un paso al costado. Lo dijo el presidente también".
Es evidente que la Rosada intenta forzar un doble juego: que la vicepresidenta salga a criticar el Gabinete de Alberto y, a su vez, Alberto resistir a esas críticas para mostrar decisión, firmeza y empoderarse.
Urgente24 contó luego de la primera carta de CFK un diálogo entre ambos para que las críticas sean desde adentro y no desde el mercado, de modo tal que sean licuadas en la agenda. En definitiva, entienden, es el mal menor.
Entonces, Cafiero sentenció a Radio Con Vos: "El presidente define si hay cambios. Solo él. No está previsto ningún cambio de gabinete".
El gran problema es hasta cuándo se puede defender una agenda con tanto cotillón. En algún momento habrá que mostrar resultados.