Las calles vibraban con los colores fluorescentes de la moda, los peinados llenos de laca y los radiocasetes portátiles que animaban los parques con las listas de éxitos de Los 40 Principales en algunos casos, y con una música más transgresora en otros.
La tecnología era analógica, más pausada y dependía de dispositivos físicos independientes que no estaban conectados a internet.
Había un solo aparato de teléfono por casa con cable largo o disco de marcar, y las llamadas se hacían y recibían sin identificador para saber quién estaba del otro lado de la línea.
Existían pocos canales de televisión, sin control remoto universal al principio, y las transmisiones cerraban de madrugada con una placa de ajuste.
Las cartas por correo postal o los telegramas eran esenciales para comunicarse a larga distancia.
La música se escuchaba en grabadores de doble casete para armar listas propias copiando canciones de los programas de radio dedicados a emitir música.
El aparato de radio analogico y el teléfono de línea con discado marcaron una época que terminó antes del final del siglo pasado.
IG
El Walkman permitió llevar música personal a todas partes por primera vez con auriculares de esponja.
El boom del VHS consistió en que se iba al videoclub a alquilar películas en cinta como el plan central del fin de semana.
Las salas de arcade y las consolas como Atari marcaban las horas de videojuegos con gráficos simples de píxeles.
Dispositivos como Commodore 64 o los primeros modelos de IBM y Apple llegaron a escritorios con pantallas monocromas y disquetes grandes.
Las tareas escolares o investigaciones requerían ir a bibliotecas y consultar enciclopedias impresas en papel.
En el cambio de una generación a otra, la tecnología usada actualmente integra un nuevo mercado en auge: el vintage.
IG
La década bisagra
Entre esa década y los ´90 hubo una transición con la tecnología, que comenzó a colarse de manera definitiva en los hogares.
Los salones se llenaron de mandos a distancia, los teléfonos inalámbricos se convirtieron en objetos de deseo, y los primeros ordenadores personales despertaron una curiosidad que cambiaría para siempre la forma de entender el mundo.
Por otro lado, largas sesiones de Tetris y las cintas de casete regrabables se convirtieron en símbolos de una generación que encontraba en la tecnología no solo utilidad, sino también una nueva forma de divertirse y expresarse.
Del ostracismo al vintage
Pero, lejos de desaparecer o de ser confinados en museos, todos esos dispositivos ochentosos cobraron nueva forma y se transformaron en vintage, que engloba a objetos, accesorios o prendas originales de una época pasada que reúnen al menos 20 años de antigüedad y cuyo valor estético o cultural se ha multiplicado con el tiempo.
La diferencia entre vintage y retro.
IG
De ser aplicado originalmente el término a vinos de una sola cosecha que mejoraban y ganaban calidad con los años, se extendió a la moda, el diseño, la música y la decoración.
La experta Valerie Frangie explicó en su cuenta de Instagram que Vintage se emplea para referirse a objetos o accesorios con cierta edad que no pueden aún catalogarse como antigüedades, y que se considera que han mejorado o se han revalorizado con el paso del tiempo.
La diferencia con antigüedades de esos artículos fabricados entre hace 20 y 100 años, que reflejan claramente los estilos y tendencias de la época que representan, está marcada por la barrera de los 100 años.
Paradójicamente, las disquerías y laboratorios fotográficos de la Ciudad registran actualmente una demanda tres veces mayor de productos analógicos gracias a jóvenes de 15 a 30 años
La impresión de fotos tal como salieron en el primer disparo y otras costumbres que parecían perdidas, como coleccionar discos del artista favorito, acompañan esta nueva tendencia presente entre la Generación Z.
Lo más curioso es qué ocurre cuando todo parecía estar dominado por la tecnología, en una época donde se disparan los promedios de uso de pantalla y hasta se crean series para ver en aplicaciones como TikTok e Instagram.
Pero al usarse cada vez más pantallas, paradójicamente se comenzó a buscar salir de ellas, como respuesta cultural a los límites de lo digital que se rebela a la lógica de la inmediatez.