ver más

La Tercera Edad da tiempo para escapadas a pueblitos suburbanos y sentarse a contemplar

La Tercera Edad da margen a los más de 700 mil jubilados que viven en CABA para planear escapadas de un día a localidades rurales bonaerenses. "Estoy mirando".

Pertenecer a la Tercera Edad suele dejar tiempo disponible para escapadas en el día en un radio de 60 km de CABA a fin de conocer pueblitos rurales, disfrutar de comidas lugareñas, caminar por calles de tierra y sentarse a contemplar el paisaje.

A menos de 2 horas de auto se llega a localidades como San Antonio de Areco, San Andrés de Giles, Capilla del Señor, San Miguel del Monte, Chascomús, Carlos Kee, Lobos, San Pedro, Zárate y Tomás Jofré, todas con algún espejo de agua en las periferias o en su interior.

Las mejores opciones incluyen parques, lagunas, reservas naturales o atractivos gastronómicos imperdibles.

Inclusive se puede aprovechar el miniturismo para curiosear por qué muchos jubilados analizan radicarse en un pequeño pueblo del partido de San Andrés de Giles, llamado Brigadier General don Miguel de Azcuénaga, habitado por no más de un centenar de personas.

Es uno de los 39 Pueblos Turísticos de la provincia de Buenos Aires elegidos por la Subsecretaría de Turismo bonaerense.

Para llegar en auto desde CABA hasta Azcuénaga hay que ir por la Ruta Nacional 8 hasta Solís y empalmar con la Ruta Provincial 193.

La cercanía con la ciudad de San Andrés de Giles, unos 12 km o aproximadamente entre 15 a 20 minutos en auto por caminos rurales y rutas de la zona, tornan a ese suburbio apetecible para quienes se retiran del trabajo activo y buscan transitar la Tercera Edad lejos del mundanal ruido y rodeados de verde.

La Tercera Edad retirada busca retiros

Los lugareños afirman que reciben muchas consultas de jubilados que llegan de paseo, se enamoran de la magia que irradian el pueblo chico y el enorme entorno campestre y manifiestan su interés de emigrar del hacinamiento urbano y establecerse en la propuesta paradisíaca que descubren.

También atrae que se encuentra muy cerca de San Antonio de Areco, Villa Ruiz y Carlos Keen.

La de mudarse a un pueblo tranquilo, rural, accesible a Buenos Aires, donde en general tienen a su familia, pasó a ser una opción de los que buscan vivir en paz, en contacto con la Naturaleza y tener a mano lo que necesitan para consumir y entretenerse, sin las barreras y condicionamientos de los barrios privados.

Averiguan por lotes de 2.200 m2 que les ofrecen en 39.000 dólares, o 5 hectáreas sobre ruta 8 en 87.000, o una ex fábrica en pueblo rural de 3.000 metros cuadrados en 520 mil dólares, por citar algunos ejemplos.

A los que exploran esas alternativas les gusta el slow travel, una práctica concreta de transformar el ruido en contemplación. Ya no como tendencia estética, sino como respuesta a una saturación más amplia: la del exceso de estímulo, de velocidad, de expectativas diseñadas para no detenerse.

A todo aquello que a los que transitan la Tercera Edad le escapan.

En ese contexto, actividades como observar aves, recolectar alimentos o simplemente permanecer en silencio frente a un paisaje dejan de ser periféricas para ocupar el centro de la experiencia.

No es que sean nuevas, sino que responden a una necesidad distinta: la de reconectar.

Para 2026, el 80% de los viajeros estará interesado en experiencias de bienestar y el 68% priorizará alojamientos cercanos a la naturaleza, según proyecciones de Statista. No se trata de una preferencia aislada, sino de una señal consistente de hacia dónde se mueven las tendencias.

De vieja estación a centro cultural

Desde el 1° de abril de 1880 que fue inaugurada la estación de tren hasta 1993 que el gobierno de Carlos Menem lo cerró junto a los ramales que, aducían, no tenían movimiento que justificara los costos, el ferrocarril había marcado el pulso del reducido éjido urbano

Pertenecía al ramal del Ferrocarril del Oeste que unía Luján con Pergamino.

En su interior posee un mural de adobe de los artistas Carlos Moreyra y Cristina Terzaghi.

Ascencio Ezquiaga, primer jefe de la estación de trenes, solicitó a un estanciero irlandés, Juan Cunningham, dieciséis manzanas de su estancia para la formación del pueblo.

Finalmente, Cunningham lo hizo y en 1885, comenzaron a asentarse los primeros habitantes, en su mayoría inmigrantes de origen español, italiano y francés.

La vieja estación de Azcuénaga

La estación de tren de Azcuénaga funcionó desde 1883 a 1995, cuando el gobierno de Carlos Menem la cerró.

Recién una década después, aquella histórica estación, que había sido un centro de actividades de acciones militares durante la Revolución de 1880 (una contienda entre la Nación y la provincia de Buenos Aires) fue reconvertida en un centro cultural que atrae turistas y reconecta la localidad con lo esencial: jornadas de sol, caminatas entre campos verdes y la calma que solo en el campo se encuentra.

Los que quieren pasar el fin de semana pueden hospedarse en una pequeña y pintoresca hostería.

La gastronomía se reparte entre tres restoranes, La Porteña, el Almacén CT&Cía y el Buffet del Club Recreativo Apolo, y seduce con sabores locales, entre los que se destacan las tradicionales picadas y fiambres, un verdadero deleite campestre.

azcuenaga-clubrecreativoapolo

El Club Social y Deportivo Apolo, que ya cumplió 125 años y ofrece una pileta semiolímpica y uno de los restoranes más concurridos del pueblo de Azcuénaga.

Pero además esos diminutos reductos contienen las tradiciones, la historia viva, la hospitalidad franca y la Naturaleza acogedora de la llanura pampeana, que aún conserva una estética que remite a otras épocas: calles de tierra, la vieja estación de tren, casas bajas, la panadería artesanal La Moderna, el Almacén de Azcuénaga, el tradicional almacén "Lo de Tito", y una paz que envuelve y arrulla al visitante.

La histórica Capilla San Antonio de Padua completa el paisaje, y cada fin de semana, una feria de artesanos llena de vida la plaza, mostrando creaciones genuinas.

capilla_-azcuenaga

La capilla Nuestra Señora del Rosario: Construida a principios del siglo XX (su piedra fundamental fue en 1902), tiene un estilo neorrománico y un altar traído de Zaragoza.

Rosas y Quiroga

La Hacienda de Figueroa, o la Posta de Figueroa, se encuentra a un kilómetro del antiguo Camino Real que conecta San Andrés de Giles con San Antonio de Areco.

hacienda-de-figueroa-posta-1jpg

En la hacienda de Figueroa, sita en el camino que conecta San Antonio de Areco con San Andrés de Giles, Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga tuvieron allí su último encuentro en 1834, casi cincuenta años antes de la fundación del pueblo.

Juan Manuel de Rosas era amigo de los propietarios de estancia, Tomás de Figueroa y su esposa, Rita Casco de Mendoza y Barragán, y por ello la visitaba con regularidad.

Esta construcción que data de 1755 resultó imprescindible para la historia nacional, ya que Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga vivieron allí su último encuentro en 1834, casi cincuenta años antes de la fundación del pueblo.

Al día siguiente de esta reunión, Rosas escribió la histórica “Carta de la Hacienda de Figueroa”, dirigida a Quiroga, quien ya había emprendido viaje al norte del país.

Otros visitantes ilustres de la hacienda fueron Estanislao López, Ángel Pacheco, Lucio Norberto Mansilla, Juan Lavalle y José María Paz.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo