Y agregó: "Tras un episodio estresante muy fuerte o una pérdida importante, la tristeza alimenta una conducta ventajosa: encerrarte en casa, a cobijo bajo el edredón, pegajoso porque no quieres tener contacto ni con el jabón de la ducha, puede resultar deprimente a los ojos humanos, pero el sistema inmune no podría pedir nada mejor para recobrar fuerzas".
Si hay algo que hay que evitar es decirle a una persona triste qué debe hacer. Y entre todas las órdenes que hay que evitar, la de "no estés triste" está entre las más dañinas. "La frase produce más presión, le produce estrés a la persona", explica una doctora del centro clínico Área Humana de España. Además, "uno tiene derecho a estar triste, le están faltando al respeto si se lo dicen, y eso enfada, frustra y puede generar más desesperanza", enumera la psicóloga.
Respecto a la ansiedad, es un síntoma que una persona pueda controlar a voluntad; tanto es así que el cerebro ansioso funciona de manera diferente. No hay un botón de apagado y uno de inicio; el mecanismo es más sutil. Por tanto, lo que conseguimos a menudo con algunos consejos o recomendaciones a nuestros amigos ansiosos es generar más presión y elevar el malestar.
También es útil mostrar empatía hacia la persona y hacer que se sienta comprendida, incluso cuando uno no es capaz de ponerse en su lugar. Lo deseable es hacerle comprender que no rechazas su tristeza, contándole alguna historia personal, por ejemplo, o admitiendo directamente que no alcanzas a comprender su dolor pero que te das cuenta de que debe de ser muy importante.
Albert Ellis, en su libro Usted puede ser feliz, señalaba que la ansiedad genera una angustia mental fuera de lugar. "Es algo intenso y devastador que limita por completo el potencial humano". Ahora bien, un aspecto interesante que destacaba es que el primer paso para manejarla mejor no es bloquearla, sino aceptar su presencia. "El dolor emocional es una parte más de lo que somos, y nadie está exento de sufrirlo", dice en su libro.
Por tanto, cuando estamos junto a alguien con ansiedad, evitemos expresiones como "relájate, no te obsesiones tanto, deja de preocuparte o lo que te pasa está solo en tu mente". Con estas frases bloquearemos la comunicación, impidiendo que el otro haga un relato preciso de lo que le está sucediendo.
A una persona con ansiedad le encantaría poder calmarse. Si hay algo que le gustaría de verdad es dejar de sentir ese dolor en el estómago, esa tensión muscular, las taquicardias y el rumor de pensamientos alborotados tan difíciles de controlar.
Por ello, decirle a alguien con ansiedad que no se preocupe es como decirle a alguien que se está ahogando que salga del agua. No lo puede evitar, y en realidad, necesita de nosotros un tipo de ayuda más válida.