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¿Fitness, meditación en casa? Ok, pero justo la soledad mata al adulto mayor

El fitness y la meditación dentro de casa son opciones para que el adulto mayor movilice el cuerpo y las neuronas, pero amenazan con el sindrome de soledad.

En una época hiperconectada digitalmente, pero donde muchas personas experimentan crecientes niveles de soledad, valdría la pena recordar que la interacción humana sigue siendo una necesidad biológica y no un lujo opcional.

Y arreglárselas solos dentro de cuatro paredes restringe la posibilidad y frecuencia de los vínculos sociales y las circunscribe a un muy pequeño círculo íntimo con el cual, en consecuencia, se crea una dependencia inversamente proporcional.

No tener que salir a la calle evita bañarse seguido, vestirse para causar buena impresión, y la persona mayor termina acomodándose en una rutina sedentaria, dentro de la que la compañía permanence son las pantallas del celular y la televisión anque, en la menor cantidad de casos, en la lectura.

El movimiento del cuerpo y del cerebro necesitan interactuar y aún en un encierro podrían hacerlo, pero sin una vinculación social que acompañe podría quedar afectado un eventual equilibrio físico y mental.

La mirada lo dice todo, es la imagen del aislamiento que da la persona mayor que se siente sola y aislada.

Es cierto que a medida que las personas envejecen, a menudo pasan más tiempo solas. Estar apartadas puede hacer que las personas mayores sean más vulnerables a la soledad y al aislamiento social, lo que puede afectar su salud y bienestar.

Hay estudios que muestran que la soledad y el aislamiento social están asociados con mayores riesgos de tener problemas de salud, como enfermedades cardíacas, depresión y deterioro cognitivo.

El fitness o la meditación de entrecasa son en soledad

El neurólogo Conrado Estol (@dr.conradoestol), una de las voces más reconocidas de Latinoamérica en salud cerebral y longevidad, lo muestra con contrastes. "La actividad social aumenta la expectativa de vida, la soledad la disminuye", subraya.

"Por lo tanto, actuar socialmente implica felicidad, el tener relaciones, el participar en cosas, el tener significado de vida, proyectos de vida", prosigue.

Y pone como ejemplo que "los señores que en el geriátrico cuidaban la plantita vivieron más años que aquellos a los que les dieron la plantita y se la cuidaba la enfermera en vez de ellos".

Refuerza la idea: "Los señores que tienen una mascota viven más que el que no la tiene; una vez que los hijos se fueron, estás solo, tenés 90 años, con la mascota se vive más".

Menciona asimismo al que escribe un diario de gratitud ("esta semana tengo que estar agradecido porque..."), al que hace voluntariado, que va, ayuda y se libera una hormona, la oxitocina, que contribuye al acercamiento a otras personas.

Finaliza con una sentencia: "Lo social aumenta la expectativa de vida, la soledad mata".

Conocer personas de la misma edad

Existen diferentes formas de afrontar la tercera edad, como participar en talleres de arte, teatro o lectura, que permiten conocer personas de la misma edad.

Una práctica de teatro, una caminata en grupo, un curso virtual o incluso el uso de la tecnología pueden convertirse en puentes hacia nuevos encuentros.

La caminata al aire libre implica salir de la casa y conviene que sea grupal en lugar de individual, porque además del movimiento es importante sociabilizar.

No se trata de “llenar el tiempo”, sino de darle sentido, alegría y pertenencia a cada día.

Tener dinero no es lo principal en la autoinclusión: hay muchas actividades gratuitas, propuestas comunitarias, talleres intergeneracionales y ofertas virtuales.

Longevidad en aumento

El número de personas mayores de 65 años está aumentando y, con frecuencia, muchos están socialmente aislados y se sienten solos.

La soledad es la sensación angustiante de estar solo o separado de los demás.

El aislamiento social es la falta de contactos sociales y tener pocas personas con quien interactuar regularmente.

Los adultos mayores están en mayor riesgo de aislamiento social y soledad debido, por un lado, a los cambios en la salud y las conexiones sociales que pueden venir con el envejecimiento, como la pérdida de audición, la vista y la memoria, discapacidades, dificultades para moverse y/o la pérdida de familiares y amigos, pero por otra parte por ser víctimas de la discriminación social llamada edadismo.

Los vínculos son claves para la salud mental. El aislamiento social y la soledad crónica pueden ser tan perjudiciales para la salud, según Estol, como factores de riesgo ampliamente reconocidos, llámese el tabaquismo, la obesidad o la contaminación ambiental.

La evidencia científica acumulada durante las últimas décadas apunta en la misma dirección.

Las relaciones personales como terapia

La calidad de las relaciones personales influye en la salud cardiovascular, la función cognitiva, el sistema inmune y el bienestar emocional.

No es casualidad que Estol incluya los vínculos sociales entre los pilares fundamentales para una longevidad saludable; tampoco lo es que los estudios sobre las llamadas “zonas azules” identifiquen la pertenencia comunitaria y las relaciones cercanas como factores recurrentes entre las personas más longevas del mundo.

Los adultos que están solos o socialmente aislados son menos saludables, tienen estadías hospitalarias más prolongadas, son readmitidos en el hospital con más frecuencia y tienen más probabilidad de fallecer antes que aquellos con interacciones sociales significativas y de apoyo, de acuerdo con el National Institute on Aging.

En los diagnósticos que suelen acompañar a las personas mayores, enseguida aparecen palabras conocidas: hipertensión, diabetes, osteoporosis o artrosis.

Sin embargo, hay otra condición que rara vez figura en la historia clínica y que, aunque no tiene estudios de laboratorio que la confirmen, puede generar un gran impacto: la soledad no deseada.

El sentimiento de soledad tiene una prevalencia del 40 % en las personas mayores, secundario a situaciones de abandono, duelo y adaptación del rol.

Se ha estudiado su impacto en el desarrollo de condiciones crónicas, disminución del autocuidado y adherencia al tratamiento.

David Sinclair, profesor de genética en la Universidad de Harvard, donde se estudia la longevidad desde hace 80 años.

Los factores asociados con esta condición son edad avanzada, ser mujer, ausencia de pareja y un bajo nivel educativo.

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