Vivir la jubilación en comunidades: una opción en auge
Y como de equilibrar la privacidad y la comunidad se trata, las opciones son integrar un nuevo grupo de personas en el que se pondrán en juego las propias idiosincrasias de cada individuo o unirse con círculos de amigos y conocidos para conformar ese modelo de viviendas colaborativas.
En la mayoría de los casos constituyen talleres y encuentros previos para amenizar el proceso de formación de la comunidad.
En Argentina existen diversos proyectos comunitarios para adultos mayores, enfocados en el envejecimiento activo, la inclusión social y el bienestar integral, que son gestionados tanto por organismos públicos como por ONGs.
Hay algunos complejos considerados modelos que vienen funcionando desde hace más de 15 años en localidades del interior, como Tapalqué, sur de la provincia de Buenos Aires, que además de estar al alcance de personas con pocos recursos, constituye un ejemplo de dignificación de la Generación Silver.
En un predio de 3 hectáreas se erigen 27 viviendas asistidas y totalmente equipadas donde los adultos mayores pueden vivir de modo independiente, pero con todos los servicios necesarios garantizados.
Previa suscripción de un contrato de comodato, el acceso requiere pagar una mensualidad que se fija en función de sus ingresos previsionales —establecida en general, como la mitad de una jubilación mínima—.
El municipio se hace cargo de los servicios básicos —electricidad, gas y agua—, además de enfermería, limpieza semanal, seguimiento clínico, nutricional, mantenimiento y vigilancia del predio. Almuerzo incluido, de lunes a sábado.
En la Feliz, ser felices
Asimismo, hay en el país otros casos paradigmáticos como el que cuenta Mario Benedetti de 76 años, doctor en Ingeniería Electrónica, promotor de este estilo de viviendas para la Tercera Edad en Mar del Plata.
“Con mi señora hemos proyectado casarnos, convivir en determinado lugar, cambiar, viajar y nos parece muy importante proyectar la etapa después de la jubilación cuando ya no dependemos más de nadie”, señala.
Explica que lo ideal es comenzar con la proyección a los 55 o 60 años. “Se gana en vida, se gana en años, se gana en salud, se gana contacto con la naturaleza”, justifica.
“Trabajar en comunidad significa de alguna manera saber que tenemos cosas comunes, que podemos compartir, que tenemos proyectos y que no somos personas que no podemos hacer nada y estamos tiradas en un sillón”, pone de relieve.
¿Cómo funciona su propuesta? “Somos accionistas con derecho al uso de la casa mientras estemos o vivamos”.
En todo caso, "las decisiones son tomadas en conjunto como si fueran una cooperativa, pero después el derecho de uso queda sujeto según la plata que se haya invertido", completa.
En San Luis existe un proyecto de viviendas colaborativas, Cohousing Agrupación Tierra Caranday, pensado para un grupo reducido de nueve personas de 50 a 55 años.
Una vez que esté finalizado, ofrecen la posibilidad de ir a probar la experiencia durante 15 días o un mes, debido al cambio de vida que significa irse lejos de la ciudad y del núcleo urbano para vivir en una zona rural.
La propuesta consiste en actividades grupales, talleres recreativos, limpieza y provisión de todas las comidas. A diferencia de los otros proyectos, se trata de un alquiler temporal de habitaciones.
Cohousing
Se llama cohousing este concepto nacido en los ´70 en Suecia, Dinamarca y Holanda como un estilo de vida colaborativo.
Hay distintos tipos, aunque en general se trata de cooperativas autogestionadas por personas mayores que habitan un espacio diseñado en conjunto por ellas mismas.
El encuadre regulatorio, no sólo en Argentina sino en muchos otros países, es la traba a la expansión de esta modalidad de propiedad horizontal dentro de un barrio privado donde las parcelas van a ser más chicas.
Una cosa es formar parte de una asociación y otra comprar la participación de la tierra y la posibilidad de ser propietario, aclara la escribana María Raquel Burgeño a Mora Violante para el blog de Zonaprop.
“Tenemos figuras que en la práctica funcionaron para otras actividades, una fue el tiempo compartido, comprabas un tiempo en un lugar, pero no tenías el derecho real del dominio”, pone como ejemplo, pero si la persona busca el dominio de la parcela o vivienda se debe contemplar otra figura jurídica, contrasta.
Otra de las formas jurídicas que se pueden implementar en un cohousing es la venta del ejercicio del derecho.
“La persona te vende el ejercicio del derecho, no te vende la propiedad”, explica Burgueño. Esa posibilidad se da mientras dura el contrato o el usufructo, el plazo máximo es de 30 años y finaliza con el uso de la persona, es decir, que no es heredable. Únicamente es posible heredar la propiedad en caso de compra de la unidad.
Recomienda no forzar la utilización de figuras jurídicas del extranjero cuando el derecho nacional no está receptivo a aplicarlo y reflexiona que "es fundamental tomar este modelo como un proyecto que se debe analizar desde el punto de vista antropológico, sociológico, cultural y técnico".
Marco regulatorio
Más escéptica, la arquitecta Paulina Wajngort, desarrollista del tema cohousing, CEO de la consultora Amazing Senior Resorts Argentina, no ve posible la implementación inmediata de este tipo de viviendas en Argentina, debido a la falta de previsibilidad y de un marco regulatorio.
Además, pone de manifiesto que no es un estilo de vida “para cualquiera”, por la demanda de una gran inversión de capital y por el ritmo de vida que implica una vida en comunidad.
En ese sentido, destaca la importancia de que cada cohousing cuente con ciertas pautas de convivencia.
Cantidad de personas en el hogar
En una década creció el porcentaje de una sola persona viviendo en el hogar y simultáneamente disminuyó el de dos por techo. El fantasma de la soledad acecha. (Gráfico Tejido Urbano)
Envejecer rodeado de partes
En Europa y Estados Unidos, los modelos de cohousing o senior cohousing, que es el nombre que corresponde al grupo de tercera edad, están instalados y hay una tendencia para envejecer rodeado de pares.
En España funcionan 14 cohousings de este tipo y hay cientos en desarrollos, a pesar de la ausencia de regulación legal.
En Barcelona incluso existe Movicoma, un estudio sobre el movimiento de viviendas colaborativas para personas mayores que mapea las distintas iniciativas que existen a nivel internacional.
En 2010, un profesor de la Universidad de Sevilla dio origen a una propuesta cooperativa que tras varios intentos de captar a un número suficiente de socios, tuvo que abandonar el proyecto en 2016.
Esta iniciativa aborta en el 90% de los proyectos, sostiene el presidente de la asociación, Joaquín Lima.
Habla de la dificultad para lograr conformar un grupo de adultos mayores que quisieran participar de este cohousing.
Finalmente, en 2018 constituyeron la cooperativa actual y comenzaron a captar personas para la compra del terreno. Hoy en día son 37 socios.
Antes de iniciar la construcción aportan 45.000 € y luego pagan un préstamo hipotecario para alcanzar el precio de la construcción final.
“Dado que no se adquiere la propiedad, al abandonar el proyecto se recibe la cantidad aportada”, concluye Lima.
Según tipo de vivienda
La residencia en casa se incrementó notablemente en 10 años y también en departamentos, aunque en menores proporciones. (Gráfico Tejido Urbano)
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