El método de investigación se comparó el impacto de una dieta rica en carnes rojas y procesadas y otra rica en granos enteros, frutos secos, legumbres y carne blanca. Lo que se encontró fue que la dieta con abudante carne roja aumentaba los niveles de AGEs en sangre y este aumento contribuiría a que sufriéramos rigidez vascular y miocárdica, inflamación y estrés oxidativo.
Esto influiría en el riesgo de enfermedades cardíacas.
Se trata de una nueva evidencia que confirma que hay que reducir el consumo de carne roja y carne procesada para cuidar la salud por medio de la alimentación.
Según la OMS, la carne roja ha sido clasificada como "probablemente cancerígena". Esto se basa en evidencia limitada, que procede de estudios que muestran una asociación entre el consumo de carne roja y el desarrollo de cáncer colorrectal.
Por otro lado, la carne roja procesada, que es la que ha sido transformada a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación, fue clasificada por la organización como cancerígena.
Desde la OMS creen que hay suficiente evidencia de que causa cáncer. En el caso de la carne procesada, esta clasificación está basada en evidencia suficiente a partir de estudios epidemiológicos que muestran que el consumo de carne procesada provoca cáncer colorrectal.
Sin embargo, la revista ‘Annals of Internal Medicine’ publicó una meta-revisión de cientos estudios (con millones de participantes)que concluyó que la definición de "alimento cancerígeno" es un error de la OMS y que se precipitó en su decisión. El trabajo fue firmado por 14 investigadores de las Universidades Dalhousie y McMaster en Canadá.