Cajas lentas
Cajas lentas, cajeros sonrientes, un pedazo de tiempo que los retails devuelven a los clientes que no llevan apuro y a los que disfrutan de un espacio social al hacer las compras.
Jumbo Europa
La marca, que opera en Argentina bajo el conglomerado de origen chileno Cencosud, pero en Países Bajos y Bélgica pertenece al grupo neerlandés Van Eerd Group, empezó en 2021 a implementar la iniciativa en dos centenares de sus locales europeos. a través de un carril especial diseñado para clientes que desean conversar pacíficamente con el cajero.
Se llama Kletskassa, que se traduce como "caja de chat" o en una acepción más coloquial: “caja charlatana”.
Apurados y no apurados
La idea se gestó en un tuit de un ciudadano de Países Bajos, Drik Janssen, en el que exponía la propuesta, pensada “para personas que disfrutan conversar, ayudando especialmente a adultos mayores a lidiar con la soledad”.
Y agregó: "Si pudiéramos desempeñar aunque sea un pequeño papel en la lucha contra la soledad, sería maravilloso. Esto es lo que queremos en Jumbo: ver realmente al cliente, tocar el corazón, la alegría en la cara",
El posteo se viralizó al acumular millones de visualizaciones, miles de retuits y una catarata de comentarios celebratorios.
La multinacional de origen chileno recogió el guante y desarrolló la alternativa de bajar algunos cambios en lugares específicos del salón para diferenciar a los clientes que andan a las corridas de los que no tienen ningún apuro.
Sin embargo, la directora de comunicaciones de Jumbo, Colette Cloosterman-Van Eerd, explicó que el objetivo principal de las cajas lentas es combatir la soledad.
“Muchas personas, especialmente mayores, pueden sentirse solas. Como empresa familiar, creemos que los supermercados también son lugares de encuentro”, señaló.
La iniciativa se inscribe en la Coalición Nacional contra la Soledad, impulsada por el Ministerio de Sanidad, Bienestar y Deporte de Holanda, un país donde la mitad de los mayores de 75 años confiesa sentirse solo.
Consumismo con pausa
El concepto tradicional del consumismo se desplazó de lugar y comprar ya no sólo implica escanear productos, pagar sin mirar a nadie y que pase rápido el que sigue, sino respetar que algunas personas —especialmente adultos mayores— no necesitan velocidad sino compañía.
Precisamente en estas cajas el apuro no cuenta: el cajero conversa, escucha y acompaña el momento de la compra como si fuera, también, un pequeño acto social.
En un contexto en el que el supermercado no solo vende productos sino que también puede ofrecer tiempo, el retail habilitó espacios dentro de sus locales para tomar café y conversar.
En consecuencia el objetivo de las cajas lentas o charlatanas no se circunscribe a optimizar tiempos ni reducir filas, sino algo bastante más humanitario: que los clientes que están solos tengan con quién hablar.