"La gente se adapta a lo que consigue de manera repetida. La felicidad que sentimos al comer la misma comida, ganar el mismo sueldo y muchas otras experiencias, decrece rápido mientras incrementa la exposición a una misma fuente de felicidad", apunta el resumen del estudio. "En 2 experimentos pre-registrados, examinamos si la gente también se adapta a dar de manera repetida - la felicidad que sentimos de ayudar a otros en lugar de a nosotros mismos."
Este efecto era aún más marcado en la percepción general de felicidad que en lo felices que se sentían inmediatamente después de haber gastado la plata, explicó Elizabeth Hopper de la revista Greater Good Magazine, de la Universidad de Berkeley. En conclusión, gastar la plata en otro tiene consecuencias positivas para nuestro nivel de felicidad más duraderas que gastarla en uno mismo.
En un segundo experimento, los participantes jugaban varias rondas de un juego virtual (seteado previamente para que ellos ganaran). A algunos participantes se les decía que podían quedarse con la plata que ganaran, mientras que otros debían elegir una organización caritativa a la que sería destinado el dinero. Cuando los participantes ganaban y la plata iba para ellos, el triunfo se sentía menos disfrutable, y ellos se sentían menos felices, exaltados y contentos, que cuando la plata iba para otros. En el caso de los participantes cuyo dinero iba a caridad, el disfrute que sentían por sus sucesivas victorias tardaba más en declinar.
Según los autores del estudio, explica Hopper, la necesidad humana de pertenecer y de ser parte de un grupo social podría ser la causa evolucionista de por qué nos es disfrutable dar. Darle a otros de manera repetida puede ser especialmente gratificante para nosotros porque mantener nuestra reputación como individuos amables y atentos es crucial para nuestra supervivencia y prosperidad. Los autores del estudio explican que las reputaciones sociales se construyen lentamente y pueden ser destruidas muy rápido si uno tiene actitudes egoístas.
En otro dato sorprendente, estudios previos han hallado que aquellas personas que menos tienen, son más propensas a dar. Según un estudio del año 2000, realizado por científicos de la Universidad de California y la de Yale, las personas de clase baja son más generosas y tienen una mayor creencia de que parte de sus ingresos anuales deberían a caridad que las personas de clase alta. También tienen más probabilidades de confiar en extraños y mostraron una actitud más solidaria con alguien que atraviesa un problema. Según un artículo de Utpal Dholakia publicado en Psychology Today, parte de la razón de esto está en que las personas que menos tienen son más compasivas y sensibles a las necesidades de los demás. En contraposición, aquellos que tienen más, tienen una mayor tendencia a estar centrados en ellos mismos. Adicionalmente, aquellos que menos tienen tienden a estar más centrados en el presente mientras que los que tienen más están más orientados hacia el futuro.