Mi viejo, Pablo Di Meglio, cumplió 28 años estando en Malvinas. Había pedido prórroga por estudios en el servicio militar. El 11 de junio fue herido en Monte Longdon de un disparo en la cabeza.
La Batalla de Monte Longdon fue una de las más terribles de toda la guerra. 450 hombres ingleses atacaron a 278 argentinos que estaban replegados en el Monte. Murieron 54 personas y hubo 190 heridos, entre ellos mi papá.
La noche del 11 de junio un disparo de metralleta impactó en su cabeza. Perforó el casco, rompió parte del hueso frontal, y la bala quedó alojada en el cráneo. Pasaron casi 12 horas hasta que los argentinos se rindieron.
Cuando la Batalla terminó, soldados ingleses lo tomaron prisionero y lo llevaron junto a otros heridos a un hospital de campaña. Lo revisaron, lo curaron, y le dijeron que la guerra para él ya había terminado. Esta foto es de cuando estaban prisioneros (mi papá a la izquierda).
Mi mamá y mi papá ya estaban de novios para ese entonces. Todavía están las cartas que él le mandaba desde Malvinas (que según mamá tenían olor a pólvora). Cuando la guerra terminó, mi papá se recibió de ingeniero (le faltaban 3 materias) y se casaron.
Al tiempo vinimos nosotros. Yo soy el más chico de tres hermanos (Pablo es el más grande y Maty el del medio). Los tres somos bastante diferentes, pero seguramente en algo pensamos igual: nos tocó el mejor papá del mundo.
Mi viejo pudo volver y retomar su vida, pero otros 649 quedaron en las islas. Además, el estrés postraumático y un olvido generalizado de la guerra (con grandes tintes de discriminación) llevaron posteriormente a otros 400 veteranos a quitarse la vida.
Mi papá siempre dice que hay tantas Guerras de Malvinas como soldados hubo en ella. Cada uno tiene su historia, su vivencia, su relato y su recuerdo. Lo importante es nunca olvidar.