Esa falta de energía y motivación no necesariamente son síntomas de una depresión (aunque si estos sentimientos son constantes o si tenés dudas, consultar con un especialista) sino de una mezcla compleja de procesos psicológicos y emociones.
Pasar por esos días "de bajón" son, además de tiempos complejos, momentos para el aprendizaje. Lo fundamental es entender que las personas no somos infalibles y que tocar fondo de vez en cuando es algo normal. También es importante comenzar a manejar esos sentimientos, para que no se alarguen en el tiempo porque puede llegar a ser perjudicial.
Es esencial que seamos capaces de conectar con el desencadenante de ese estado de ánimo negativo. Según un estudio de Harvard, por ejemplo, las personas tendemos a comparar nuestro rendimiento o las pertenencias que tenemos con nuestro entorno más cercano. Esto alimenta el desánimo y aumenta la baja autoestima si nos sentimos "en desventaja".
Un buen consejo es aceptar el desánimo, pero obligarlo a irse. Cuando las ganas de quedarse en cama nos abruman, pensar que la tristeza se vence un día a la vez, con pequeños logros.
Otra estrategia es encontrar un motivo para despertar y levantarse. Parece difícil pero es importante empezar con cosas sencillas. Llamar a esa amiga que hace tiempo que no se comunican. Comprar un libro nuevo. Probar un nuevo corte de pelo o aprender con un curso online alguna actividad relegada por falta de tiempo.
Este punto lleva a otro, que también es importante: el renovarse constantemente. Abrazar lo nuevo y dejar ir lo viejo, lo tóxico, lo que hace mal. Buscar desafíos, asumir retos. Vencer la tristeza es cuestión de afrontar los cambios con valentía y simpatía.
En esos días especiales, donde nos sentimos vulnerables, conectarse con las emociones como la ira, tristeza y el miedo puede ayudar. Prácticas como la meditación son fundamentales. Aquí, una guía para principiantes.
Es clave entender que todos podemos sentirnos mal y abrazar al dolor, pero no hay que dejar evolucionar esos sentimientos en el tiempo. Armar un plan de acción para esa jornada con objetivos sencillos para cumplir. No hay que tener miedo al desánimo, sino entenderlo.