En el hogar
*No agregar sal durante la preparación de los alimentos
*No poner saleros en la mesa
*Limitar el consumo de tentempiés salados
*Usar cebolla, ajo, hierbas, especias, jugos cítricos y vinagres en reemplazo de una parte o toda la sal para agregarle sabor a las comidas
*Escurrir y enjuagar las legumbres y verduras en lata. Reducirá el sodio hasta un 40%
En el mercado
*Fijarse en las etiquetas y comparar entre alimentos similares cuál es el que menos sodio tiene
*Elegir verduras enlatadas con la etiqueta “sin sal añadida” y verduras congeladas sin salsas saladas. O mejor, comprarlas naturales, sin proceso industrial
En restaurantes
*Probar la comida antes de agregar sal
*Contarle a la o el camarero cómo nos gusta el plato y preguntar si puede realizarse sin sal agregada
*Tener cuidado con las comidas que contengan la palabra “en escabeche”, “en salmuera”, barbacoa, caldo, “curado en”, etc, ya que, por lo general, tienen un alto contenido de sodio
Reducir la sal de forma paulatina
No hace falta quitar del todo de la dieta a la sal, a menos que un médico lo indique. Las pequeñas reducciones de entorno a un 25% de sal pasarán desapercibidas. Además, se puede sustituir la sal por una de bajo contenido en este mineral que aporta la mitad de sodio que la sal común.