Aunque fue diseñado para estudiar cómo el estilo de vida puede afectar la salud cardiovascular a largo plazo, otros aspectos resultaron de interés, en particular este subestudio con 599 participantes a los que se les realizó resonancias magnéticas en 2010 y cada cinco años se les pidió que informen el número promedio de horas de televisión que vieron diariamente durante el año anterior.
Por otro lado, las personas que informaron ver televisión por encima del promedio y hacían ejercicio regularmente mostraron las mismas reducciones de materia gris. "Sugeriría que el simple hecho de volverse más activo físicamente no anula los efectos negativos asociados con ver televisión", señaló Dougherty.
Debido a las limitaciones del estudio, como la dependencia a los autoinformes de los voluntarios, Dougherty no afirma que los “atracones de televisión” encojan el cerebro. Pero sus hallazgos contribuyen a un creciente cuerpo de investigación que advierte sobre los peligros para el rendimiento cognitivo.
"Deberíamos ser conscientes de nuestros comportamientos y tratar de disminuir el sedentarismo y aumentar la actividad física", concluyó Dougherty y agregó: “ver televisión es solo un tipo de comportamiento sedentario, pero es fácilmente modificable".
El trabajo fue publicado en Brain Imaging and Behavior.
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