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Adultos mayores alumnos a universidades públicas como lugar de encuentro

Entre 40 y 50 mil adultos mayores van como alumnos a universidades públicas, algunas de ellas especializadas en tercera edad. UPAMI y PUAM las más demandadas.

Sorprende la nutrida presencia de adultos mayores que van a las aulas de las universidades públicas de todo el país en calidad de alumnos, ya que equivalen a poco más de la mitad de los estudiantes extranjeros que concurren cada año a las casas de estudio estatales.

Un caso paradigmático de los 40 a 50 mil adultos mayores en todo el país que abordaron la educación superior, en general ya jubilados fue el de Roberto Carranza, de 77 años y estudiante de la UNCUYO, que llevaba 12 años cursando abogacía en la Facultad de Derecho e iba a recibirse.

Los adultos mayores tienen las puertas abiertas de la Universidad Nacional de Cuyo para graduarse o compartir un espacio social.

Pertenecía a una pequeña minoría (5%) que se inscribe en carreras de grado frente al aproximadamente 95% de las personas mayores que asisten a la universidad pública mediante talleres, cursos cortos y programas culturales como UPAMI o los Programas Universitarios para Adultos Mayores (PUAM).

La directora del Instituto de Lectura y Escritura de la Facultad de Educación y egresada del Profesorado de Nivel Elemental Especializado en Alfabetización y Educación de Adultos, Cecilia Tejón, subrayó en la oportunidad que la idea de adulto mayor está cambiando y los procesos de formación dependen de cada caso en particular. “Ya no tiene que ver con una necesidad laboral, como sí pasa con los adolescentes, jóvenes y adultos”.

Añadió que “generalmente lo que quieren es completar proyectos que se interrumpieron por situaciones de la vida, las dificultades económicas, familiares, o sobrecargas, en el caso particular de las mujeres. Muchas veces los nietos son los que acompañan ese sueño que también aparece como una frustración, porque muchos sienten que no pueden ponerse a estudiar de grandes. Las dificultades se relacionan a su percepción de las capacidades que tienen, a la edad o el tiempo que llevan sin estudiar, dependiendo del nivel de alfabetización que poseen”, dijo Tejón.

Adultos mayores alumnos

La historia de Carranza fue publicada por Unidiversidad. “Tengo dos hijos universitarios, una escribana y el otro médico cirujano. Pero yo no era universitario. En un momento determinado, pensé que ya que les había exigido tanto a ellos para que estudiaran y se recibieran, yo también podía hacerlo", declaraba entonces el veterano alumno al medio cuyano.

Destacó que casi no vivió prejuicios con los años de trayectoria educativa, y que su experiencia en la Universidad había sido fantástica.

“Me tomé la facultad con calma, para aprender, y tuve compañeros colaboradores, solidarios que siempre estuvieron para ayudar. Por ahí tal vez me crucé con alguien que haya tenido un prejuicio, pero ha sido mínimo”, aclaró.

“Me di cuenta que la única solución para progresar en la carrera es justamente estudiando. Además, hay excelentísimos profesores en la Universidad y tengo el mejor de los recuerdos de cada uno por haberme enseñado, por haberse dedicado a los alumnos con abnegación. Durante la carrera me ha ido muy bien. La verdad es que no la sufrí a la Facultad, al contrario, la disfruté muchísimo”, remarcó el inminente abogado.

Su ejemplo sirvió como fuente de motivación para muchos que dudaban si seguirían en la Facultad.

“Me decían que, si yo podía, ellos también. Lo único que sí me afectó y me detuvo un poco fue la muerte repentina de mi compañero de estudio, pero nada proveniente de lo universitario en sí", señaló.

Y añadía que "una persona mayor que se pone a estudiar tiene más ventajas que desventajas, como la puntualidad, la organización o el tiempo de dedicación para el estudio”.

Aconsejaba a un chico que recién empieza: "Que estudie y tenga constancia, que no se achique, que no se deje abatir porque le vaya mal en algún momento de la vida. Estas son carreras logradas por la gente que persevera e insiste”.

Programas de extensión

El testimonio rescatado del archivo contextualiza el ánimo que muchas veces impulsa a los adultos mayores a aventurarse a cursar anualmente en las universidades nacionales a través de programas de extensión, universo del cual la enorme mayoría asiste a través del programa federal UPAMI.

Sin embargo, la directora de la Universidad de la Tercera Edad (UNATE), Susana Tessio, brinda una versión más distendida de tales iniciativas: “En las aulas ves todos los días una fiesta, sea de cumpleaños, del día del profesor, día del maestro, festejan todo porque realmente tienen la necesidad de estar juntos, de contenerse entre pares y con sus profesores. Este es un lugar es de aprendizaje pero también de encuentro y contención emocional y afectiva”.

La Universidad de la Tercera Edad, con sede en Salta, organiza una movida variada para los adultos mayores que concurren como alumnos.

Universidades más demandadas

Las universidades con mayor cantidad de sedes o densidad poblacional, como la UBA, concentran miles de inscriptos por ciclo.

Solo la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) registra cerca de 4.000 inscriptos por año en estos talleres, mientras que la Universidad Nacional de Rosario (UNR) supera los 2.000 alumnos por cuatrimestre. Otras del conurbano bonaerense promedian entre 500 y 1.000 alumnos anuales cada una.

La Universidad de Personas Mayores (UPM) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) combina formación académica y vínculo comunitario en el programa para enfrentar uno de los mayores desafíos contemporáneos: la soledad y el derecho a seguir participando activamente en la vida universitaria.

Nació en 2011 como una propuesta de extensión y, con el paso de los años, se consolidó como un espacio académico y social de referencia para una población que crece y demanda nuevas maneras de participar en la vida universitaria y comunitaria.

La Universidad Nacional de Rosario está a full con las actividades para adultos mayores que programa durante el año.

Universidades abiertas de la Tercera Edad

“Es un proyecto educativo que nace en Finlandia con Universidades Abiertas de la Tercera Edad. Son universidades donde no se exige el título universitario, pero tampoco se otorga título de grado, sino que la idea es estudiar por afición”.

En 2011, cuando se creó el entonces Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores (PUAM) se trató de una iniciativa pionera que reunía cursos propuestos por las distintas facultades y escuelas medias de la UNR.

Aquella primera edición ofreció 14 cursos, entre los cuales predominaban las áreas de arte, historia, literatura y filosofía.

En Salta, 4000 alumnos y alumnas mayores de 57 años transitan la Universidad de la Tercera Edad, dependiente del Gobierno de la Provincía a través de la Secretaria de la Personas Mayores.

“Tenemos 102 talleres: de memoria, ajedrez, idiomas, tenemos convenio con Lenguas Vivas y damos inglés, francés, portugués e italiano; también, computación y manejo de celular, que en el contexto de hoy, es la vedette. También hay tejido, bordado, pintura sobre tela, pintura al óleo, acuarela, canto, Tai Chi, yoga, gimnasia, entre tantos otros”, desgrana Tessio.

Amplia oferta de UBA

Por su parte, la UBA ofrece, además de inscribirse en carreras regulares sin límites de edad, los siguientes cursos gratuitos para adultos mayores en 8 clases semanales | Meet, ZOOM | Campus Virtual y también 8 clases semanales presenciales en la sede de FFyL: Puan 480, CABA: Poesía y Enigma, Pensar las ciudades, Fotografía Alternativa Sustentable, Desafíos de la literatura infantil, El juego de los vínculos y los roles en personas mayores, Hombres, mujeres y personajes fantásticos de la Edad Media, Encuentros de Literatura y Cine: Buenos Aires Arde.

El que cuenta con mayor concurrencia es el programa de la Universidad para Adultos Mayores Integrados de UPAMI, que funciona mediante un convenio entre el PAMI y diversas universidades nacionales. Ofrece cursos culturales, de idiomas, tecnología y salud gratis para afiliados.

La Organización Mundial de la Salud define el “envejecimiento activo” como el proceso de optimizar las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

La experiencia de la Universidad de Personas Mayores se inscribe dentro de las políticas globales que promueven el aprendizaje permanente y la participación social.

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