En el caso de Messi, los términos y la duración del acuerdo no se hicieron públicos, pero la publicación The Athletic informó que Messi podría recibir hasta US$ 30 millones por año a cambio de promover el turismo en Arabia Saudita.
Sin embargo, una candidatura de Arabia Saudita enfrenta al Reino con la Argentina, que también se propone organizar el torneo de FIFA en 2030, junto con Chile, Uruguay y Paraguay.
¿El trato de Messi es “porque está tentado y no puede parar? ¿Porque el dinero lo justifica todo?": El escritor argentino Martín Caparrós escribió en el español El País al día siguiente de la derrota ante Arabia Saudita.
El equipo de colaboradores de Messi se negó a comentar con The Athletic si el acuerdo plantea un conflicto con la candidatura de Argentina para 2030.
Adoptar íconos deportivos internacionales es solo una de las formas en que los países del Golfo han trabajado en los últimos años para aumentar su influencia internacional.
Qatar se encuentra en la 3ra. reserva de gas natural más grande del mundo y en una posición poderosa en días de las tensiones en el suministro de energía, desde el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Rusia es el gran proveedor de gas de Europa.
Precisamente por este motivo no se entiende la feroz ofensiva europea contra la Copa del Mundo que organizó Qatar.
Por ejemplo, si bien el equipo de fútbol de Alemania posó para una fotografía de protesta, con todos los jugadores tapándose la boca, en señal de denuncia de la represión o étnica o de género en Qatar, la Casa Real firmaba en ese momento un acuerdo de 15 años con Alemania para suministrarle gas natural.
Poder blando
Algo parecido ocurrió con Estados Unidos, con la prensa y los jugadores cuestionando a Qatar pero la base militar de USA más grande en Medio Oriente se encuentra en las afueras de Doha, y el Pentágono estadounidense le concedió, durante el Mundial, 'luz verde' a una venta de armas por US$ 1.000 millones a la monarquía de la familia Al Thani.
Washington considera a Qatar un importante aliado fuera de la 'OTAN fundamental' (extra OTAN, el statu-quo que le concedió a la Argentina cuando gobernaba Carlos Menem), para la estabilidad en el Golfo Pérsico y más allá.
Pero Qatar se ha aferrado a América Latina para su mayor incursión en el 'poder blando' que concede el fútbol.
'Poder blando' o Soft Power, es un término usado en relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, como por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos, como complemento de medios diplomáticos.
El término fue acuñado por el profesor de la Universidad de Harvard, Joseph Nye, en su libro de 1990 'Bound to Lead: The Changing Nature of American Power', que luego desarrollaría en 2004 en 'Soft Power: The Means to Success in World Politics'.
Para Nye, el poder es la habilidad para influenciar el comportamiento de otros y obtener los resultados que se desean.
Según Nye, el poder blando es un instrumento complicado para los gobiernos por 2 razones:
- muchos de sus recursos vitales están fuera del control de los gobiernos y
- el poder blando tiende a “trabajar indirectamente formando el entorno para la política, y algunas veces toma años producir los resultados esperados”.
Los países del Golfo no se encuentran entre los principales socios comerciales de las economías más grandes de América Latina, pero los fanáticos del deporte saben que tanto Messi como la estrella brasileña Neymar juegan para un club propiedad de una subsidiaria del fondo soberano de riqueza de Qatar, Paris Saint-Germain.
El periodista Alejandro Wall señaló n el programa de la televisión pública mexicana 'Conversaciones desde Qatar', que cuando Brasil fue sede de la Copa del Mundo en 2014, la FIFA presionó con éxito al país para que cambiara su legislación y permitiera la venta de alcohol en los estadios. Pero Qatar pudo imponer sus propias leyes a la FIFA, en este caso prohibiendo la venta de alcohol a los fanáticos habituales en las gradas (aunque el alcohol está disponible gratuitamente para los invitados VIP en las suites de lujo). Fue una señal de los diversos grados de poder que tuvieron las naciones anfitrionas de la Copa del Mundo reciente.
El significado
El público latinoamericano está íntimamente familiarizado con el uso de la Copa del Mundo con fines políticos. Y no provoca la supuesta condena de la prensa europea.
Wall le dijo a Foreign Policy que, en general, “en Sudamérica, quizás veamos [la Copa del Mundo] con otros ojos”.
La cobertura latinoamericana del evento se ha centrado más en cómo se desarrolló la cultura del fútbol en América Latina y Oriente Medio en el contexto de la colonización. Ha sido sorprendente encontrar tantos fanáticos de Brasil y Argentina de Medio Oriente y Asia en la Copa del Mundo, agregó Wall. “Hay algo que vemos el uno en el otro”.
La globalización del mercado de jugadores actual hace que las distinciones entre los estilos de juego sean cada vez más o raras o curiosas, pero el fútbol latinoamericano se reivindica, con orgullo, diferente del europeo.
Más allá del estilo en el que se marcan los goles, el torneo permite a los latinoamericanos deleitarse con el 'poder blando' del fútbol que los estados del Golfo están gastando miles de millones de dólares para perseguir.
Y así se llegó a la final entre Sudámerica (Argentina) y Europa occidental (Francia), y una disputa por el 3er. puesto entre África árabe (Marruecos) y Europa oriental (Croacia).
Foreign Policy intentó buscar el significado geopolítico de la 'diplomacia del fútbol', hoy día condicionado porque el deporte profesional tiene sus propias reglas, a menudo más allá de los Estados. El fútbol más poderoso no depende de la FIFA sino de unos 30 clubes de propiedad privada, en diferentes entidades jurídicas, que aglutinan a los jugadores más famosos y consiguen los mejores contratos de TV, distribuyen el merchandising más demandado y se consideran casi con tanto poder como la FIFA.
Las monarquías del Golfo participan de esa élite, tanto con el PSG francés como el Manchester City inglés, y también Arabia Saudita intenta ahora ampliar por su cuenta esa presencia.
Pero volviendo a la Copa del Mundo, ¿pueden los países latinoamericanos convertir ese vínculo positivo con las monarquías del Golfo en comercio bilateral? Ese es el gran interrogante a despejar de ahora en más.
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