Ahí enganchamos sucesos recientes en Guernica, Provincia de Buenos Aires: "¿Te imaginás el despelote que se armaría? ¿Cómo frenás a la gente? Sería una locura".
Para Brito había herramientas para bajar las paridades informales del dólar. De hecho, es lo que sucedió días después.
"Hay que armar un buen plan, con ajuste fiscal. Mejorar lo que hace el Banco Central. Conseguir rápido un acuerdo con el Fondo Monetario, antes de fin de año, y que el Congreso Nacional ratifique el acuerdo. Eso sería muy bueno porque a nosotros nos creen bastante poco afuera. Hacés los tres pasos y ahí acomodás el dólar", reflexionó Brito.
Brito había tenido ya dos veces covid-19 en la larga cuarentena. Pero en ninguno de los dos contagios la pasó tan mal como cuando separando a sus perros, que estaban en plena riña, terminó mordido y una infección gravísima.
En el diálogo desfilaron todos porque Brito hablaba con todos. Había estado con el presidente Alberto Fernández, con el economista Roberto Lavagna, también con Máximo Kirchner. Y la lista sigue.
A Fernández le había llevado su visión pero no estaba seguro de que el Presidente le hubiese entendido. Había que moverse rápido, según Brito, más rápido que la crisis. Conocer el 'timing' de los mercados le parecía clave, los políticos a menudo tienen un problema de sincronización.
Brito estaba sorprendido porque Lavagna le había contado que mientras fue ministro de Economía de Néstor Kirchner, jamás Alberto Fernández estuvo presente en una reunión entre ellos, y Alberto insiste en su relato que junto a Kirchner gestionaban el Estado.
En cuanto a Máximo destacó: "Tiene un acuerdo 'cerrado' con Sergio"(por Massa). Esto está firme".
De todos modos también confesó una duda que le había quedado: "Máximo tiene un tironeo entre la política según Néstor y la política según Cristina".
De pronto hicimos un respiro y de la coyuntura pasamos hacia atrás. Sus comienzos me los había contado el ex cambista Máximo Intaglietta, un día allá en Laguna Blanca, Punta del Este. Era la historia de los dos, Brito y Ezequiel Carballo.
Brito se rió: "¡Máximo! En ese tiempo no teníamos ni un mango". Andaban intentando generar algún negocio, y asumieron un riesgo excesivo.
También hubo un chequeo sobre anécdotas que contaba Raúl Moneta, en especial una que mencionaba a David Martínez, el financista mexicano. Brito nunca ocultó su amistad con Moneta.
Martínez lo visitó cuando Alberto Fernández, por entonces, jefe de Gabinete, intentaba que el mexicano no sólo fuese el financista de Héctor Magnetto sino que también provocara una tregua entre Moneta y 'el Beto'.
Había que regresar al presente. Brito estaba convencido de que había demasiados impuestos, y que le hacía bien al gobierno seguir sumando, aún cuando se tratara sólo de un gesto, tal como le decían algunos. Brito creía que el ajuste fiscal era desde el lado de revisar en qué se gastaba.
En dos ocasiones insistió: "Pero hay que tener un plan. No podés andar sin un plan. Todavía no tenemos un plan". Ya se había quedado el termo sin agua. Nos fuimos, cada uno por su lado. Pagano me acompañó hasta el ascensor.