Tras abandonar el campo de Terezin, donde cumplía tareas, decidió partir rumbo a Austria ya que pensaba que allí podía encontrar refugio bajo una identidad falsa: se había cambiado el nombre al de Adolf Barth.
Sin embargo, su plan se vio frustrado tras ser encontrado tres días después por soldados norteamericanos y fue llevado inmediatamente al al campo de prisioneros de Daggendorf. Pero su estadía ahí también fue muy corta, porque a la semana logró huir en medio del caos que representaba la concentración de cientos de prisioneros y la debilidad del control.
Otra vez prófugo, sería nuevamente recapturado a los pocos días y enviado al centro de detención de de Weiden Oberpfals, dónde brindó nuevamente una identidad falsa. Esta vez se identificó como Otto Eckmann y otra vez logró pasar desapercibido. A principios de 1946, concretaría, esta vez con un grupo de prisioneros a su lado, un nuevo escape y cambio de nombre: ahora sería Otto Henninger.
Tras 4 años de vivir en la clandestinidad y oscuridad, sin llamar mucho la atención ante la férrea búsqueda de su persona, llegó en julio de 1950 a Buenos Aires bajo el nombre de Ricardo Klement, mediante un salvoconducto del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), emitido en Italia, bajo los auspicios de la Iglesia católica. Sí había una concreta complicidad de miembros de la Iglesia, de la Cruz Roja Internacional y también de las propias autoridades migratorias argentinas funcionales a los nazis.
Radicado durante sus primeros meses en Tucumán, se mudó a la Provincia de Buenos Aires, más precisamente San Fernando, junto a su esposa y sus cuatro hijos. Sus primeros años fueron difíciles en lo económico y se las tuvo que rebuscar para darle de comer a su familia.Trabajó como mecánico, en una fábrica de jugos y hasta tuvo una tintorería.
En 1959 su realidad parecía que empezaba a cambiar: conseguiría un puesto en una planta de la automotriz Mercedes Benz . Pero la alegría de la estabilidad duraría muy poco.
En 1954 pistas de su paradero habían llegado a Simon Wiesenthal, un reconocido caza-nazis, a través de la carta de un amigo, que rezaba: "Vi a ese cerdo sucio Eichmann... Vive cerca de Buenos Aires y trabaja para una compañía de aguas". Desde ese año había estado en marcha un plan de captura.
Fue finalmente el 11 de mayo de 1960, cuando un comando del servicio secreto israelí (Mossad), que había ingresado ilegalmente al país bajo el gobierno del presidente, Arturo Frondizi, lo secuestró mientras volvía del trabajo a su casa en San Fernando.
La información de su paradero la brindó Lothar Hermann, un sobreviviente judío que había quedado ciego por las palizas que recibió de las SS y que vivía a muy pocas cuadras del criminal militar. De hecho, una de sus hijas salía con una de los hijos de Eichmann.
Hermann se comunicó en 1957 con el fiscal alemán Fritz Bauer, quien finalmente informó a los agentes del Mossad que había un hombre en Buenos Aires que reunía todas las características de Eichmann, aporta Télam.
Tras permanecer días escondido y drogado en completo cautiverio, fue trasladado a Israel, donde fue juzgado y el 15 de diciembre de 1945 condenado a muerte por crímenes contra el pueblo judío, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.
Eichmann, finalmente, fue ahorcado el primero de junio de 1962, convirtiéndose en el único civil ejecutado hasta la fecha en Israel.