Amores prohibidos, traiciones y whisky con cianuro
Con el tiempo, su pensamiento viró fuerte. El tipo que arrancó como revolucionario terminó bancando al Ejército, la jerarquía, el orden. En las "Conferencias Patrióticas" de 1923 en el Teatro Coliseo, organizadas por la Liga Patriótica, se despachó con frases picantes: habló de "limpiar el país" de delincuentes y de "extranjeros perniciosos". Lo fulminaron de todos lados pero a él poco le importó. En 1924 ganó el Premio Nacional de Literatura, y en 1928 fundó la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).
Para entonces, su vida personal era un caos. Tenía más enemigos que amigos, estaba separado de su esposa y se había enamorado perdidamente de Emilia Cadelago, una chica de 20 que fue a buscar un ejemplar de Lunario Sentimental a la Biblioteca del Maestro. Se lo regaló dedicado y arrancó un romance clandestino que lo rejuveneció. Le escribía poesías en francés, inglés y español, y la llamaba "Aglaura".
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Se enamoró apasionadamente de Emilia Cadelago, una joven veinteañera, con quien vivió un romance secreto. Su hijo Polo lo descubrió, los separó brutalmente y Lugones quedó devastado.
Pero su hijo, Leopoldo "Polo" Lugones, metido en la política del régimen de Uriburu, no se lo bancó. Tenía muy mala fama: había sido acusado de abusos en el Reformatorio de Olivera, y después fue comisario inspector de la Policía, donde usó por primera vez la picana eléctrica. Un personaje oscuro, que se ganó el apodo de "el torturador Lugones".
Un día, Polo se presentó en la casa de los Cadelago y, con grabaciones telefónicas en mano, les exigió que terminaran con el romance y amenazó con declarar insano a su padre. Emilia desapareció. Lugones quedó hecho pedazos. Le escribió: "Ayer mientras iba del Círculo a La Fronda, ¡tenía tanto deseo de verte! Me parecía a cada instante que serías una de todas; y todas eran feas, vulgares, tontas, cursis. Y la primavera se quedó triste sin su golondrina".
En febrero de 1938, sin consuelo, tomó el tren a Tigre, se bajó en la estación fluvial y fue hasta El Tropezón, un recreo con habitaciones. Pidió una fresca, la número 9. Llevaba encima una botella de whisky, una jarra de agua… y cianuro. A la hora de la cena no respondió. Cuando abrieron la puerta, lo encontraron sin vida.
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Solo y deprimido, viajó al Tigre con una botella de whisky y cianuro. Se suicidó en una habitación del recreo El Tropezón en febrero de 1938.
Dejó cartas para su esposa y para Polo, y una nota final donde pedía no ser recordado: "Que me sepulten en la tierra sin cajón y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohíbo que se dé mi nombre a ningún sitio público. Nada reprocho a nadie. El único responsable soy yo de todos mis actos."
Tenía 63 años. Lo velaron en contra de su voluntad en Recoleta. Fueron pocos. Hoy, el 13 de junio, su fecha de nacimiento es el Día del Escritor. Un homenaje a un tipo brillante, intenso, complejo… y profundamente humano.
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