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"Me preocupa que a Dilma le puede salir el tiro por la culata"

Para el ex presidente del Banco Central de Brasil, Gustavo Loyola, es "un error de Dilma (Rousseff) establecer el objetivo de recorte de las tasas de interés" porque "el compromiso puede limitar al propio Banco Central". Crece el debate en Brasil acerca de la inflación y el cambio de metas del Ejecutivo federal.

 

por RAQUEL LANDIM
 
SÃO PAULO (O Estado). Gustavo Loyola cree que es un "error" que la presidenta Dilma (Rousseff) establezca la caída de las los intereses como una meta de su política económica durante su mandato presidencial. Él está de acuerdo en que la tasa de interés en Brasil es una "jabuticaba" (una fruta autóctona del país, llamada "guapurú" en guaraní), que tiene que ser corregida, pero no como una meta de la política monetaria. "Si hay una restricción del Banco Central, el tiro puede salir por la culata", dijo.
 
El economista dijo que el gobierno está "probando límites" y que el trípode macroeconómico está "bastante debilitado". Evalúa que 
 
> el cambio dejó de ser fluctuante y que hoy día es fijo,
 
> el resultado fiscal se ve comprometido por maniobras "heterodoxas", y 
 
> el concepto de metas de inflación fue "subvertido".
 
Doctor en Economía por la Fundación Getúlio Vargas (FGV) y socio de la consultora Tendências, Loyola comandó al Banto Central en 2 ocasiones: entre noviembre de 1992 y marzo de 1993, en el gobierno de Itamar Franco y entre julio de 1995 y agosto de 1997, en la gestión de Fernando Henrique Cardoso. Durante el mandato de Cardoso, Loyola fue el responsable de la mayor reestructuración en la historia del sistema bancario brasileño. Lo siguiente son extractos de la conversación.
 
-¿El trípode macroeconómico se mantiene aún en el gobierno de Dilma?
 
-El trípode se mantiene, pero se debilitó bastante. Los tres pilares están con problemas. En materia de política fiscal, el gobierno recurrió a expedientes heterodoxos. Hace grandes transferencias a los bancos oficiales, que pagan dividendos, creando ingresos fiscales primarios, pero de una manera totalmente ilegítima. Otro de los pilares que fue modificado es el tipo de cambio. Pasamos de un régimen de cambio flotante administrado a un tipo de cambio fijo. No explícitamente, pero en la práctica es fijo. Tenemos una banda cambiaria entre R$2 y R$2,05. Este resultado se logró no sólo por las intervenciones del Banco Central, sino también a costas de mucho control administrativo. Y el tercer pilar, que son las metas de inflación, supone que el Banco Central tiene autonomía. Lo que vemos es un BC más indulgente en llegar al cumplimiento correcto de la meta. El mercado dejó de proyectar el logro de una inflación de 4,5% anual en los próximos dos años. No es que el gobierno haya perdido el interés en mantener baja la inflación, pero la meta de 4,5% no está en el centro del debate. La idea es alcanzar la menor inflación posible, mientras no perjudique el crecimiento. El concepto de metas de inflación fue invertido.
 
-¿Vale la pena aceptar más inflación para tener más el crecimiento?
 
-Este dilema no existe a mediano y largo plazo. Lo que existe es una gestión inteligente de la situación. El régimen admite que la inflación se desvíe de la meta en caso de choques. Hay situaciones en que la búsqueda de la meta a corto plazo puede traer grandes costos, con pérdidas de empleo. El BC tiene que hacer una política monetaria que reduzca al mínimo estos impactos, pero sin perder de vista la convergencia de la inflación a la meta. Cuando la meta no se cumplió en el 2011, no se cumplirá en 2012 y también hay una expectativa que no se cumplirá en 2013 y 2014, ¿para qué esa meta?
 
-¿El BC transformó el techo de la banda de tolerancia de 6,5% en la nueva meta?
 
-La comunicación del Banco Central no lo deja claro. Siempre dice que persigue la meta de 4,5%, pero la política monetaria no refleja eso. Es difícil deducir cuál sería el objetivo, pero parece que una inflación de entre el 5% y el 5,5% para este año y para el 2013 sería un buen tamaño para el BC.
 
-La diferencia entre el 4,5% y 5% es muy pequeña...
 
-La inflación se hace de pequeñas diferencias. También puedo decir que una inflación del 5,5% este año y 6,5% en 2011, con el bajo crecimiento que tuvimos, es absurdo. Brasil debería ser más ambicioso en términos de inflación. El problema no es la pequeña desviación en sí, siempre que sea temporal. Pero en un tiempo hay otro golpe en la economía que lleva la inflación a 6,5%. Y así vamos. La cuestión de la meta no es aritmética, si la interrupción de lo que se considera un compromiso del BC y del gobierno de para mantener la inflación baja. En un país que tiene problemas de inversión como Brasil, el mayor mal que se puede hacer es transmitir incertidumbre macroeconómica. La estabilidad no es condición suficiente para generar inversiones, pero es una condición necesaria.
 
-¿Cuál es el impacto para la economía del regreso del tipo de cambio fijo?
 
-A corto plazo, los efectos no son muy grandes. Cuando se fija el tipo de cambio, se pierden grados de libertad en la política monetaria, salvo que se opten por un sistema de control de flujos de capitales. El problema de esta restricción es que no se logra discriminar adecuadamente el capital bueno del malo y crea un ambiente inhóspito para la entrada de inversión extranjera.
 
-Con el tipo de cambio fijo y las exoneraciones fiscales, ¿la política monetaria está amarrada?
 
-Sin lugar a dudas. Vos comenzás a exigir más de lo que la política monetaria puede dar. El gobierno apunta a reducir las tasas de interés en Brasil. Es tan importante como fue la reducción de la inflación. Pero hay que buscar las causas de los altos intereses. El país sólo podrá tener interés bajo de una manera sostenible, si tiene expectativas de inflación son bajas, un régimen fiscal responsable y un tipo de cambio fluctuante. Si la inflación empieza a desviarse de un nivel cómodo, el Banco Central se verá obligado a subir los intereses. ¿Será que este aumento no podría ser menor si el tipo de cambio fuese flotante? ¿O si hubiera mayor contención del crecimiento del gasto público? La segunda pregunta es: ¿cómo, políticamente, se le pondrá a la sociedad ese aumento de interés si la misma Presidente estableció la disminución de las tasas de interés como una de sus metas? Tener interés como meta crea una inmovilización. Los intereses son un instrumento de política, no un fin en sí mismo sino un medio. El objetivo de la política monetaria es la estabilidad monetaria.
 
-¿La valuación de la Presidente sobre bajar las tasas de interés no es correcta?
 
-Está equivocada. Debemos tratar de reducir los tipos de interés de equilibrio de la economía a mediano y largo plazo y estabilizar la inflación con tasas de interés más bajas. No puede ser bajar los intereses un objetivo y con eso limitar el Banco Central. La Presidente tiene un punto: la tasa de interés en Brasil es una 'jabuticaba' (fruta autóctona) y esa situación debe ser corregida. Pero no es a través de política monetaria que se hace eso. Si hay una limitación del BC, el tiro puede salir por la culata, con inflación más alta, más incertidumbre y los agentes económicos demandando mayores tasas de interés.
 
-¿Será necesario subir las tasas de interés en 2013?
 
-La inflación tendrá un comportamiento razonable en el 2013, inclusive por el cambio de concesiones políticas del sector de la electricidad, lo que debería conducir a una caída de los precios de la energía. Pero después de estos efectos temporales ¿Cómo queda la inflación para 2014? Si la economía vuelve a crecer, como parece estar ocurriendo, la inflación se elevará a partir de finales de 2013, representando un riesgo para el 2014. El BC dejado casi explícito que mantendrá la tasa de interés de 7,25% por un período prolongado. No debe haber alta de las tasas de interés en 2013, pero en 2014, será inevitable.
 
-Para los críticos, el BC tiene hoy metas de inflación, de tipo de cambio y de crecimiento. ¿Existe un triple mandato?
 
-De hecho, da la impresión de que el Banco Central tiene una meta de inflación, pero relativiza ese mandato mirando otras variables tales como los tipos de cambio y el crecimiento. El régimen de metas no debe ser entendido como que el BC debe permanecer amarrado a la meta de inflación sin ver lo que está sucediendo a su alrededor. Esa meta tiene que ser administrada racionalmente pesando costos y beneficios. Lo que no puede quedar en duda es si, de hecho, el BC tiene el compromiso de mantener la inflación en 4,5% en un plazo razonable. En la comunicación del Banco Central, no queda claro que este compromiso tenga prioridad sobre los demás. Y también hay un discurso fuera de BC que trae muchas dudas. Cuando el ministro de Hacienda dice que tiene más espacio para recortar las tasas de interés o que lo ideal es que el tipo de cambio fluctúe arriba de R$ 2, crea una serie de dudas.
 
-¿Ha afectado a la credibilidad del BC?
 
-Todavía no hemos llegado a ese punto porque la credibilidad fue construida con el tiempo y a causa de que el mercado tiene un gran respeto por Tombini (Alexandre Tombini, presidente de BC). Por otra parte, el retorno de la inflación no le interesa a alguien, y mucho menos al gobierno. La base de la popularidad de la Presidente es el estado de la economía. La inflación sería muy negativa para los nuevos consumidores y tendría daño político incalculable.
 
-¿El gobierno está jugando con fuego?
 
-Está poniendo a prueba los límites. Pero el problema sólo se hará evidente cuando tengamos una amenaza - si es que la vamos a tener – de que esa inflación se aleje demasiado del centro de la meta.
 
-La generación de los '90 no tiene memoria de la hiperinflación. ¿Este fantasma puede volver a rondar?
 
-Eso es pasado. La sociedad actual reaccionaría mucho antes. Tenemos anticuerpos políticos, sociales, institucionales, una prensa libre. Una serie de alarmas sería activada y corregiríamos el rumbo. Pero ningún país está libre de sufrir crisis económicas. Es por eso que tenemos que tener cuidado con el trípode. Pequeños asesinatos institucionales no pueden traer mucho daño a corto plazo, pero, si se mantienen, pueden poner en riesgo la economía.

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