En julio de 2012, en un artículo publicado en el diario O Globo, de Río de Janeiro, Bacha abordó "O discreto erotismo da macroeconomia", detallando las dificultades para lograr un equilibrio de posiciones entre la oferta y la demanda, entre el dolor de la verticalidad y el placer de la horizontalidad, al explicar el eterno conflicto entre desarrollistas vs. monetaristas.
-En el libro, usted discute la dificultad de reducir las tasas de interés reales en Brasil. El Banco Central (BC) indicó en la última acta del Comité de Política Monetaria (Copom), que dejará de recortar las tasas de interés. Comienza a surgir críticas de que ya estarían demasiado bajas y que la inflación es un riesgo. Algunos dicen que el BC estaría siendo irresponsable. ¿Cuál es su evaluación?
-Mi evaluación es que el Banco Central fue oportunista, en el buen sentido de la palabra. La situación internacional estaba muy deprimida, con repercusiones en la economía brasileña, el BC entonces tuvo la oportunidad de utilizar el instrumento de los intereses. No tengo nada que reprochar en esa acción, porque el BC anticipó mucho mejor que la gran mayoría de los economistas la gravedad de la situación internacional, especialmente en Europa. La cuestión es que el Banco Central está ahora reduciendo los intereses. En tanto, la tasa de inflación en Brasil está muy por encima de la meta anual establecida, y eso es lo que preocupa. Por eso, si nos fijamos sólo en el escenario nacional, cualquiera diría que el Banco Central está siendo irresponsable. Pero, a pesar de las oportunidades que ofrezca el mundo, la cuestión es cómo desarrollar una política a mediano plazo para, simultáneamente, bajar los intereses y bajar la inflación.
-Una de las propuestas que Ud. presenta en el libro es incluir en la Constitución el objetivo de mantener la inflación baja. ¿Cómo sería eso?
-En la Constitución, hay varios artículos que prevén el mantenimiento del poder adquisitivo, del salario mínimo, de las pensiones, de los salarios de los funcionarios. Los jueces, inclusive en el Supremo Tribunal Federal de Justicia, al legislar sobre su propio salario, mencionan que no están aumentando sus salarios y que sólo reponen la inflación transcurrida, tal como la Constitución lo establece. Esto es peligroso. No es peligroso ahora, cuando la inflación es relativamente baja, pero sienta un precedente. Dado que los jueces pueden, los jubilados pueden, el salario mínimo puede, y entonces se puede utilizar el principio de igualdad, que también está en la Constitución y garantizar un incremento salarial independientemente de cualquier negociación. Mi propuesta consiste en incluir en la Constitución que la estabilidad de precios es un objetivo fundamental de la organización económica del país. Con la estabilidad de precios en la Constitución, se puede introducir un objetivo de inflación a largo plazo de 3% por año, para que haya convergencia de los ajustes, no por la inflación pasada, si por esos 3%.
-Usted afirma en su nuevo libro que un problema de la economía brasileña es el exceso de indexación. ¿Cómo resolver eso?
-El Banco Central opera en la actualidad sólo el 70% (de los precios), ya que el 30% está indexado a la inflación pasada o sea que es un arrastre. Así, sobre ese 70%, el BC tiene que actuar con mucha más fuerza. Otro problemas, más complicado que el de los precios administrados, consiste en el crédito direccionado. Al intervenir en la tasa de interés básica Selic, el BC no se mete con los tipos de interés de los préstamos subvencionados que son el 30% del total (de la masa crediticia).Cuando el BC aprieta el crédito, el único crédito que aprieta es el crédito libre, entonces el Banco Central precisa presionar mucho más de lo que sería necesario si la tasa Selic se aplicara al total de la economía.
-Recientemente hemos visto al gobierno utilizando los bancos públicos para reducir el 'spread' bancario y reducir el interés pagado por el consumidor final. ¿Es también un factor de complicación para la política de tipos de interés del Banco Central?
-Esta iniciativa tiene un propósito estructural que consiste en aumentar el grado de competitividad del sistema bancario. Yo estoy totalmente a favor, hasta cierto punto, de utilizar la banca pública para liderar ese proceso, siempre que sea en términos controlados, sin necesidad de recapitalizar eventualmente los bancos públicos, si van más allá de la línea. Creo que incluso podríamos permitir el acceso a empréstitos en el extranjero para tener más competencia.
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-Usted dice que, en la conquista de la estabilidad, el país termina probando, todo el tiempo, los lobbies de las élites. ¿Cómo ve a ese lobby hoy?
-Creo que en este país hay una enorme resistencia a la palabra Apertura. Somos el país más cerrado del mundo. Es patético mirar tanta denuncia contra las importaciones y constatar que aún hoy, a pesar de que las importaciones hayan aumentado, su participación en el PIB es la más baja del mundo. Tenemos algo muy peculiar en Brasil, que es una gran apertura a la inversión extranjera, pero esa inversión no resulta en exportación. Me quedo asombrado cuando veo a nuestra Presidente diciendo: "Vamos a proteger nuestro mercado", y comprobar que quien está explotando nuestro mercado son multinacionales que están aquí obteniendo ganancias extraordinarias. Estamos protegiendo a las multinacionales para que exploten a los consumidores brasileños.
-El libro cita el ejemplo de Noruega y de Australia, países a quienes les fue bien con una economía basada en los recursos naturales. ¿Este modelo es posible para Brasil, un país con casi 200 millones de habitantes?
-USA es grande y, aún hoy, el 20% de lo que exporta son materias primas. Por supuesto, al ser un país grande, USA generó una diversificación. No creo que Brasil se convierta en un país únicamente exportador de productos primarios. No hay nada malo en exportar productos básicos. Incluso porque los que exportan nuestros productos son Petrobras, Vale, Gerdau, Friboi. ¿Qué es lo que no tienen de modernas esas empresas, comparadas con nuestros productores de zapatos e indumentaria? Lo que tenemos es un conjunto exportador agro-industrial-minero integrado.
-Hace casi 40 años Ud. acuñó el término Belindia y ahora tenemos Belindia 2.0. En el medio, el país estabilizó la inflación, creció y distribuyó ingresos...
-Quien mejor definió Belindia 2.0 fue Marcelo Neri (nuevo presidente del IPEA, Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada), recordando que seguimos siendo un Belindia, sólo que ahora los más pobres tienen el crecimiento de India y los más ricos el crecimiento de Bélgica (en referencia al hecho de que Bélgica está creciendo poco e India crece cada vez más, a diferencia de lo que ocurrió en la década de 1970, cuando se acuñó el concepto de Belindia). Es un gran alivio saber que, por fin, dejamos de concentrar y comenzamos desconcentrar los ingresos. Sin embargo, en 2010 el coeficiente de Gini (indicador que mide la desigualdad del ingreso) se encontraba en el mismo nivel que en 1960: hasta ahora, sólo logramos regresar al punto de partida al que nos llevó la dictadura.
-¿La reducción de la desigualdad es un logro que vino para quedarse? ¿Qué quedó atrás?
-La alta inflación quedó atrás, la dictadura quedó atrás. La distribución perversa del ingreso está quedando atrás, pero todavía tenemos 10 puntos Gini para llegar donde se encuentra USA. Sin embargo, las necesidades son también muy perentorias. ¿Como tenemos solamente 50% de la población con saneamiento básico (red de agua potable y cloacas)? La salud pública es todavía una vergüenza, el sistema educativo no enseña. La violencia sigue siendo una de las más altas del mundo. Somos el 6to. país en homicidios. Estos son problemas que no deberían pertenecer en un país de clase media. ¿Brasil está bien o mal? Si uno mira hacia atrás, está bien. Si mira alrededor, también. Pero si miramos hacia el futuro, todavía hay muchas dudas. Vamos hacia una normalización, por el camino del medio.